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miércoles, 15 de junio de 2022

Bez




Sin
TADEUSZ RÓŻEWICZ

el mayor acontecimiento
en la vida de uno
es el nacimiento y muerte
de Dios

padre Padre nuestro
por qué
como un mal padre
de noche

sin señales sin huella
sin palabra

por qué me abandonaste
por qué yo Te abandoné

la vida sin dios es posible
la vida sin dios es imposible

si en la infancia me alimentaba
de Ti
comía el cuerpo
bebía la sangre

me abandonaste tal vez
cuando intenaba abrir
los brazos
abarcar la vida

sin pensarlo
abrí los brazos
y Te dejé ir

o tal vez escapaste
al no poder oír
mi risa

Tú nunca ríes

o tal vez me hayas castigado
pequeño y oscuro
por mi obstinación
soberbia
por
intentar crear
a un hombre nuevo
lengua nueva

me abandonaste sin murmullo
de alas sin relámpagos
como ratón de campo
como agua al absorberse en la arena
ocupado distraído
no percibí tu huida
tu ausencia
en mi vida

vivir sin dios es posible
vivir sin dios es imposible

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Texto encontrado aquí.
Traducción de Alhelí Málaga

domingo, 14 de febrero de 2021

Zdrada


Traición
ZUZANNA GINCZANKA

No podrá vigilarme nadie.
El pecado de gamuza y murciélago
se acomodó en los áticos del miedo con su cabeza semiratonil hacia abajo —
cuando caiga la noche me escabulliré de la torre, escaparé 
de la torre fortificada,
me haré paso entre los aguijones de avispas agudas,
cruzaré entre hierbas venenosas en vallas —

Entre los escombros se levantarán con pesadez las agobiantes catedrales de mandamientos, 
los veinte infiernos de los Vedas,
llamaradas,
aullidos,
silbidos,
la noche fanática amenazará, apedreará con estrellas.
Como mercurio me escabulliré entre los dedos.
Nada me podrá retener.

Tú te convertirás en lobo, yo en pajarita de las nieves —
tú en águila, yo en ensueños tortuosos — —
con maquinaciones inescrutables me adelantaré a cada persecución tuya.
No podrá vigilarme el mundo,
amado mío – querido mío – dulzura mía -
si yo misma
no elijo
la dulzura de mayo
de serte fiel.

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Texto encontrado aquí. Traducción de Alhelí Málaga

viernes, 27 de octubre de 2017

***



Pantalla de colores

JACEK DEHNEL

Los muertos, si no son separados
de los vivos, los vuelven orates.

I
No tienes palabras para este dolor (que no has vivido
tampoco, querido poeta con libros en tu haber),
no tienes palabras para estos despojos cubiertos de polvo
en el “epicentro del conflicto” o “en pleno frente”,

desde donde el reportero del noticiero, Damian Michał Dziądziel,
se expresa con oraciones completas, con dicción correcta,
haciendo gala de su apariencia en una esquina ennegrecida
de las ruinas de una casa o una tienda (con esa presencia

podría muy bien mantenerse de anuncios: Patricia,
Anthony, Jeanie, Lotte, ¿acaso buscas a un varonil,
ejercitado, medidas (llega a Berlin, Brixton,
París, Sochaczew), que engreirá tu ego?,

pero eligió de otra manera. Y ahora está parado ante esa pared,
y al fondo la localidad se luce con su panorama oxidado).


II
Al fondo la localidad se luce con su panorama oxidado,
y al frente el reportero valiente nos brinda las noticias:
qué lado del conflicto le dice no a los rusos,
de qué manera el precio del petróleo influirá en el zloty,

qué dicen los Médicos sin Fronteras, qué dice alguien por cuenta propia,
qué dijo hoy el secretario de estado, qué dijo ayer el papa.
En el estudio lo aprueban, dicen que muy bien. Lo pondrán en la principal,
a las 7:30 pm, en la página web, también irá al papel,

y a otros canales. Porque el conflicto en ese lugar del mapa
es muy interesante (esto de color naranja
en el sur fue tomado por los rebeldes de AP,
él área verde apoya a las tropas del estado).

Aquí, en Polonia, hay quince millones de curiosos,
todos siguen sobre el café estas contiendas sangrientas.


III
Todos siguen sobre el café estas contiendas sangrientas,
hay en ello algo de ver un partido en que no
apoyas a ninguno de los equipos (ni a los de tiras
rojas y limón ni a los de negro con pardo),

pues quién apoyaría a estos o aquellos, virutas
en el piso de tierra, residuos de la historia;
los partisanos asesinan, el gobierno implementa torturas,
una protesta contra la violencia, una gran marcha en Pretoria,

¿a quién apoyar? ¿en nombre de qué? No aceleres,
tienes tiempo, hermano, espera, hasta que el partido acabe,
entonces sopesarás. Y ya con tranquilidad tomarás
posición. Aprobarás y rechazarás.

Para todo hay respuesta en los medios adecuados,
toda verdad se oculta en los programas de análisis de la noche.


IV
Toda verdad se oculta en los programas de análisis de la noche,
y sin embargo no hay palabras para este dolor, ni siquiera
después de la medianoche, cuando están dando una de ficción, artística,
no interrumpida (dada la hora) por espacios publicitarios.

Y sin embargo no hay palabras para este sordo lamento,
para este bulto al fondo de la garganta, para este atado de pena,
que, por respeto a tu salud, ya ignoraste,
pero él te ignora a ti, se mete a la fuerza,

por las puertas, la ventana, por la piel, se acomoda sin reparos
en tu sofá, tu sillón. Y no se deja mover.
Y crece cada vez más, se mete en la sangre, en los huesos,
en los recovecos pudendos de esa así llamada alma.

Y así se quedan sentados los dos en el cuarto, como en un túnel subterráneo,
tú y el lamento más hondo. Y la pantalla de colores.


V
Tú y el lamento más hondo. Y la pantalla de colores,
en la que descubres ahora un cráneo grande y redondo.
Entonces intentas escabullirte. Que no, que es un canto rodado,
no un cráneo. Tomas tu memoria como una caja tipográfica abierta

y extraes de ella recuerdos agradables; como un pajarillo
picoteas y sacas solo viñetas. Tiernas,
con curvaturas que recuerdan tiempos mejores.
Pero el dolor te espera con paciencia, tiene tiempo. Ha comprado

toda una noche en esta cabina. Un paquete. Todos los cafés
más fuertes, todos los juegos a la Profundidad, todos los puestos.
Y tú solo tienes una ficha por la cuota más pequeña,
y ya sabes que aunque el lamento te lo quitará todo,

igual debes enfrentarlo, debes darle batalla.
La valentía se escapa de ti como la sangre de una herida pequeña.


VI
La valentía se escapa de ti como la sangre de una herida pequeña,
pero habías colocado tantos biombos:
desayuno ligero, tostadas, queso y jugo,
libros de alta cultura, cero saltos salvajes,

grasas limitadas, evitar a la muchedumbre…
Pero igual entró. Está aquí. A pesar de los esfuerzos.
Vino con el éter y le revela al ojo una película
en baja resolución de una masacre, de un fusilamiento -

en grano grueso, el dolor de alguien, un bidón vacío
de petróleo, un cuerpo carbonizado. Una cabeza. Un pie.
La puerta de una camioneta en la que reventó una granada.
Intestinos, un pulmón, un corazón, sangre, mucosa, linfa, pus.

Ingresó, y con una voz ronca reclama algo
que garantizarían... unos derechos inalienables.


VII
¿Qué es lo que garantizarían esos derechos inalienables?
Que a aquel que tiene a un muerto en casa, a ese se le debe
respeto, llanto, vigilia. La corbata bien atada,
zapatos bien lustrados. Que le creerás

en cada gemido que emita (entre la montaña de colchas
con los bienes recogidos y la mesa quebrada,
los restos de sillas y el montoncito oscuro de cáscaras),
en cada arruga tallada en la frente sudada,

que aquel, que quiere un óbolo, recibirá su óbolo,
el que quiera una cruz, su cruz, el que quiera bandera, su bandera,
el que quiera un paño verde, su paño verde.
Basta que lo señale y te diga “quiero”

y no hay apelación posible ante estos requerimientos. Ninguna.
Hay un entierro, entonces vienes, hay un ataúd, entonces lloras.


VIII
Hay un entierro, entonces vienes, hay un ataúd, entonces lloras.
Se reúne todo el pueblo, vienen parientes de las montañas,
el vecino mata a una cabra, la hermana echa cereales
en una olla inmensa. Alguien está parado, inseguro,

detrás del umbral, para dar el pésame. Tiene un cancionero
con un himno oscuro, de lamento, marcado con el separador de páginas.
Vive donde llegan las campanas, por eso vino. Y delante de él
está el cuñado (acomoda las sillas y cubre las luces).

Y solo alguien que salió de esta casa hace tiempo,
de este pueblo, de esta tierra arenosa, le diría tal vez a
su esposa, ajena, de la ciudad (mientras observa
con dura expresión los adornos salvajes sobre la pared: enredaderas

y rosas de papel de seda corrugado sobre el alambre):
El mundo se ha hecho muy chico para la compasión de antes.


IX
El mundo se ha hecho muy chico para la compasión de antes
y cuando alguien sin ninguna advertencia te coloca
en la bandeja satelital un pie en un zapato ensangrentado
(algo entre la Anatomía en fichas, desordenada,

y un trozo de carne de humano en el mostrador de la tienda)
y te hace llegar además dentro del cuatropack
a una mujer en un chal gris rezando el rosario,
un zaguán quemado en Kabul u otra ciudad de Irak

(no recuerdas el nombre), y una serie de signos negros
que sobre el cintillo blanco de la pantalla presentan
la cantidad de muertos en números de tres cifras – entonces te callas.
“Empaca un traje negro y vete allí, donde no te conocen

y presenta tu pésame en un dialecto desconocido”-
algo te aconseja. En alguna parte del cerebro. O acaso – una mala palabra – en el pecho.


X
Algo te aconseja. En alguna parte del cerebro. O acaso – una mala palabra – en el pecho,
cosas así. Completamente absurdas, nada serias, tomadas del aire,
de la nada. Eso se sienta sobre la lápida, junto a la corona de flores,
mueve las piernas, se ríe de ti, se burla de ti en tu cara.

Pero tú sabes que no eres capaz de dar tanto. Más aún,
que nadie sería capaz. Porque ya dejó de sonar
esa voz, ese versículo enterrado en el libro no leído,
esa sabiduría que las transformaciones mandaron a reciclaje.

Se ve demasiado de esto, se vuelve algo demasiado cotidiano
para que pueda ser especial, para colgar
tela negra en las habitaciones, quebrar ollas en los zaguanes,
lamentarse, cortar la ropa, hornear panes para el velorio.

Y eres como un deudo de la parroquia vecina:
incluso quisieras llorar. Pero no sabes cómo.


XI
Incluso quisieras lloras. Pero no sabes cómo.
La pantalla de colores resplandece. En el sillón sigue el lamento.
¿Y qué vas a decirle? ¿Disculpe, llegó usted
a la dirección equivocada? Puedes cambiar de chapa,

igual volverá. Tomará ese lugar de nuevo. Entonces sigues intentando:
Sus requerimientos son… ¿risibles? O de otra manera: Son tal vez...
yo diría… de otra época. Pasados.
Pero el dolor no tiene fecha de vencimiento. Y lo saben

todo los que sufren. El viejo, el joven, el niño
(tú también, incluso, pues también sufriste lo tuyo,
un poco distinto, pero igual). Pero sigue esa presencia,
el pasar las noches de a dos.

Y al fondo, en las escaleras
la sangre del mundo ruge como aguas crecidas.


XII
La sangre del mundo ruge como aguas crecidas
y hay que deshacerlo, hay que bloquear el daño,
ningún canal lo dirá, ninguno dará la receta, ninguno sabe,
con qué noticia satisfacer a todos aquellos que desean

luto. Sería muy sencillo construir una oda
fluida, pero no quieren azúcar sus casas derruidas,
sus tumbas desechas. Lo quieres hacer áspero pero para eso
se necesita un hilo que nadie fabrica, una urdimbre

y una trama de fibras que ningún centro comercial
distribuye. Por eso nunca jamás un poema
se te encabritaba tanto. Tachas todo. Y lo inicias de nuevo,
y tampoco funciona, y quema como lava.

Y todo es cuadriculado. Y todo a la fuerza.
No tienes palabras para este dolor - que no has vivido.



Varsovia, 27 XIII 2007-15 I 2008
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Traducción de Alhelí Málaga Sabogal

domingo, 10 de septiembre de 2017

De los pañales



70. El último trago

Filip limpia la barra. Limpia lo que ensució, con precisión y cuidado. Quiere dejarla en el mejor estado posible. Es poco probable que regrese, a menos que sea durante las vacaciones, para visitar de paso a los viejos amigos.
Hoy es su último día. Luego empacará, entregará el departamentito que alquila con su prometida, y se irán al Reino Unido. Hasta luego, se despide Filip. Hasta luego, barra, hasta luego, orina del trapo.
No recuerda la última vez en que se sintió tan bien. Qué suerte ha tenido de encontrarla, de que lo haya llevado al médico, que por fin haya recibido las pastillas correctas. Ya no le teme a nada, ni al gobierno mundial, ni al fluor en el agua, ni a los GMO. Esta sanísimo. Cuando vienen almas perdidas al bar, las escucha con una sonrisa indulgente. Camina con la frente en alto.
Diez minutos para el cierre. Ya todos se fueron, nada bueno sucede a las dos de la mañana.
Entonces suena la campanita.
Entra una chica.
-Ahorita cierro - dice Filip, pero en realidad no tiene prisa para ir a ningún lugar. - El último trago.
-Entonces que sea fuerte.
Se sienta junto a la barra. Está pálida y descompuesta. Con los ojos enrojecidos. Debe estar llegando a los cuarenta, calcula Filip, por el aspecto de la piel y las incipientes arrugas, o tal vez simplemente está demasiado cansada. Es difícil decir en estos tiempos. No es fea, pero no la llamaría bonita. Promedio. Hace diez, quince años tal vez daría una mejor impresión. Filip considera varios escenarios, le hizo daño a alguien o le hicieron daño a ella. No es importante, en un momento ella misma lo contará. Filip ha escuchado ya tantas historias que dejó de distinguir a sus personajes. En realidad es eso lo que permite que se vayan de inmediato por la otra oreja. No hay que dejarse atontar.
Asume la pose y el rostro de un oyente amable, es una roca en la que uno puede reposar.
-¿Tienes hijos?
-No todavía.
-Los patas a lo que más tienen miedo es a cambiar pañales. No sé por qué, es lo más simple que se hace con el niño, sabes, todavía en la época en que eran de tela, lo recuerdo porque ayudaba a cambiar a mi hermana, había que cocinarlo todo luego, recuerdo el olor de sus orines hasta hoy. Pero ahora están los descartables, es tan sencillo, abres el enterizo, abres el pañal, lo sacas y lo botas, luego es darle una lavada con un pañito húmedo, ya, luego el talquito, el de tubo mejor, para que se absorba y entonces no tenga escaldaduras, agarras un nuevo pañal, lo cierras y listo. Nada de filosofía, lo juro.
Filip pretende que la escucha, en realidad esperaba algo más interesante que quejas sobre un hombre que no quiere ayudar con el bebé. No le preguntó su nombre, ella tampoco quiso conocer el suyo.
-Como te digo, no sé por qué para los hombres es algo tan del otro mundo, en general tienen un problema con las secreciones, la sangre de la regla se les hace un drama, la caca, la pila, un drama, solo el esperma no les incomoda, ¿verdad? Sí pues. Con el dos es con el que hay más trabajo porque hay que limpiar con más cuidado, especialmente las aberturas de la niña, por eso siempre que abres el pañal esperas que sea pila, pero si es es caquita también te alegras, te alegras bastante, porque significa que está todo bien, que está comiendo, que está digiriendo, que está vivo. Y después de un tiempo ese cambiar el pañal se vuelve algo tan mecánico que ni te das cuenta, que no lo notas, que piensas: tenía que cambiar el pañal, y luego miras tu mano y allí tienes el pañal usado, listo para botar a la basura.
Filip asiente con la cabeza como un perrito desde la ventana trasera.
-Yo soy, cómo decirlo, no siento tanto a la gente, siento más bien a los objetos. Cuando murió mi abuela esa información no llegaba a mí, sabes, bueno, sucedió, los viejos mueren, ¿verdad? Y recién cuando estaba limpiando su cuarto y vi todas esas chucherías que ella juntaba, esos cristales, su Virgen, recién entonces fue como si algo me tocara, y me la pasé llorando toda la noche. Con los niños me pasa algo parecido, que un niño, ya pues, es un niño, pero si agarro esos zapatitos o ese gorrito, o incluso esos pañales, recién entonces algo me mueve, ¿entiendes? Mi papá era marinero, era muy estricto, no sabía expresar sus sentimientos, solo a través de regalos, tal vez lo haya heredado de él. Ya, entonces hoy alguien subió a facebook las fotos de unos niños ahogados, de unos migrantes, unos hackers las bajaron de un dron de vigilancia o algo así, y eso solo pasó por mi pantalla, ya sabes, en todas partes hay alguna guerra y todo el rato mueren niños, pero luego vi a este niño en su pañal, sabes, uno de esos pañales de los que cambié miles, alguien tuvo que bajarle el pantalón, sacarle el pañal, lavarlo, ponerle uno nuevo, y ahora él está echadito en ese pañal, muerto, y yo ya nunca olvidaré ese pañal, nunca, y no sé qué hacer.
Filip tiene la cara de haberlo entendido todo. La chica termina su cóctel, doble vodka con jugo y lágrimas, y busca su billetera.
-Cortesía de la casa - dice Filip.
La chica sonríe, insegura, agradece, y por fin sale, sorbiendo por la nariz. Filip lava y seca el último vaso, cierra la puerta de ingreso, apaga la luz y se retira por la salida trasera.
Está perfectamente tranquilo, las pastillas hicieron de él una máquina pulcramente aceitada. Camina por las calles con la frente en alto, no se preocupa por nada. Sus fines con claros, sus métodos, probados.
Hasta luego, bar, dice, y el bar desaparece. Hasta luego, casas, y la oscuridad las consume. Hasta luego, Szczecin, hasta luego, Polonia.
Camina por un desierto negro y no le teme a absolutamente nada.

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Wisniewski, Michal. (2015). God hates Poland. Varsovia, Polonia: Wydawnictwo Krytyki Politycznej, pp. 296-300

domingo, 3 de septiembre de 2017

Los caminos del desierto 1



Salmo III
JACEK DEHNEL

¿Qué quieres de nosotros, Señor? Te entregamos, en abundancia,
de los enemigos: sus manos cortadas, sus cráneos golpeados,
y las copas vidriosas de los ojos. Ya no quedan moabitas,
tampoco filisteos, ya no hay pueblo de Caná,
no quedan amalequitas ni adoradores del Perro.

Sus templos consumidos, sus altares caídos,
sus dioses fundidos para peldaños del Arca,
sus rebaños descansan en nuestros corrales,
mientras nuestro tesoro guarda sus metales,
sus hijos nos tocan las arpas, y sus hijas
nos vierten vino espumoso en vasijas rojas.

Con cada ciudad conquistada nos miramos con
mayor temor. Y el viento, el viento sopla desde el desierto.

Varsovia, 27 II 2002


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Traducción de Alhelí Málaga Sabogal

domingo, 13 de agosto de 2017

Co dobre


















Qué es bueno
CZESŁAW MIŁOSZ

¿Qué es bueno? Los ajos. Una pierna de cordero a la brasa.
El vino con vista a los botes balanceándose en la bahía.
El cielo de agosto, estrellado. Descansar en la cima de la montaña.

¿Qué es bueno? El agua en la piscina y el sauna luego de varias millas de viaje.
Amarse y luego dormir, abrazados, las piernas enlazadas.
La niebla clara al amanecer, anunciando un día soleado.

En todo lo que a nosotros, los vivos, común - estoy sumergido.
Experimentando esta tierra por otros en mi propio cuerpo.
Caminando bajo el inseguro contorno de ¿rascacielos? ¿anti-templos?
Caminando por valles de hermosos, envenenados ríos.

domingo, 23 de julio de 2017

Archeopteryx























III. Tabula
(yo a la edad de diecisiete años)
JACEK DEHNEL

No hay láminas de anatomía para aquel atlas:
construcciones delicadas de esqueletos prehistóricos,
talladas a conciencia, con puntos y letras -
por eso no sé cómo acomodar tantos huesos extraños:
distinta la forma de los pómulos, las noches sobre el montón
de dibujos y libros, cuyas últimas páginas
no conocía aún, aunque sí las primeras.
Solíamos ir también al parque de la abadía de Oliwa,
de forma distinta a la infancia, distinta a la de ahora.
No sé y no recuerdo, me soy extraño a mí mismo
yo a la edad de diecisiete, como el archeopteryx,
del que no se sabe si verdaderamente existió,
aunque por las aves creemos que hubiera debido.

Varsovia, 9 II 2003


De la serie de poemas Cuatro autorretratos, uno de ellos doble

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Jacek Denhel, Contabilidad de pérdidas y ganancias. Poemas reunidos 1999-2010, Biuro Literackie, Wroclaw, 2011. 
Traducción para Amaré al aire: Alhelí Málaga Sabogal

jueves, 20 de julio de 2017

Huyendo de la guerra

-Que sean dos semanas en setiembre – dice Marek. - En la segunda mitad. All-inclusive, un hotel de cuatro estrellas. Y que no haya guerra.
-Ni disturbios, ni ninguna revolución - agrega Natka.
-Por supuesto.- La señorita de la agencia de viajes viste una falda recta de color plomo, una blusa celeste pálido, y un pañuelo que trae a la mente la imagen de una aeromoza. Ingresa los datos a la computadora. – ¿Les interesa algún destino en particular?
-No, no, basta con que sea un lugar con clima cálido, y tranquilo.
-Respecto a la tranquilidad, les pido mirar este mapa, esta es la predicción para setiembre. Los puntos amarillos son conflictos potenciales, los puntos rojos son conflictos en curso, y los puntos verdes son aquellos que deberían terminar antes de setiembre. – La señorita de la agencia les expone el informe de la aplicación Warcast. - Sabemos como se ve. Vivimos en tiempo interesantes, verdad.

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Wisniewski, Michal. (2015). God hates Poland. Varsovia, Polonia: Wydawnictwo Krytyki Politycznej

sábado, 15 de julio de 2017

Lenguajes XXIII

















V. Literatura
JACEK DEHNEL


En el desayuno la norteamericana le dice al eslovaco:
conozco a una eslovaca, Zuzana. Es pintora, salieron fuera
cuando ella era una niña. Primero a Alemania, luego a Estados Unidos.
El padre se divorció de la madre
y volvió a Eslovaquia. Es pintora y tiene el cabello rizado.

El eslovaco contesta: ah, sí, Zuzana, es un típico nombre eslovaco.

Y yo pienso en este hombre, que dejó a su mujer, dejó a su hija,
su hermoso cabello rizado,
American Dream, Deutscher Traum,
y vive en otra vida,
sin saber siquiera que en este momento
es un extra en la conversación de personas extrañas, en un desayuno, la nota al pie de una anécdota.

Pienso en su mano, la cuchara en la mano, la cuchara sonando contra el plato.



Varsovia, 14 V 2010 – Ptuj, 28 III 2010 – Liubliana, 29 VIII 2010


De la serie de poemas Lenguas extranjeras (apuntes al margen del programa del Festival Internacional de Poesía)

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Jacek Denhel, Contabilidad de pérdidas y ganancias. Poemas reunidos 1999-2010, Biuro Literackie, Wroclaw, 2011. 

Traducción para Amaré al aire: Alhelí Málaga Sabogal

domingo, 14 de mayo de 2017

Día de la Madre

La historia de la madre de Jolanta, mujer destripada

Ay, cómo me gustaba manejar. Primero tenía un pequeño Fiat 126. Anaranjado. Yo misma le hice las cubiertas, porque las de fábrica parecían una cortinilla de tren. Estaba tan contenta con ese carro que todas las mañanas le echaba colonia. Y no cualquier colonia, sino una del pewex. Manejaba como una reina, me pasaba de velocidad, me enfurecían otros conductores. Una desquiciada completa al volante. No sé por qué me gustaba tanto, pero cuando bajaba la ventana y ponía mi pelo al viento sentía que era el único momento digno de ser vivido.

A veces, al desayunar, decía, como quien no quiere la cosa: “¡Oigan, vamos a la playa!”. Y mi esposo que para qué y que con qué. Y yo que para nada y que con plata. Le compraba al vecino gasolina en bidones. Si alguien hubiera echado fuego, todo el edificio habría explotado. Casi todos en la Fábrica de Automóviles robaban, se pasaban de la medida en cuanto se podía. Y guardaban las reservas en el sótano. Y yo, yo tenía una imaginación rebelde, yo tenía estilo. Tomaba todo y listo, nos íbamos a Gdansk. Los niños eran pequeñitos, se sentaban sin protestar en los asientos traseros. Mi esposo iba adelante, ofendido, molesto. “Para qué viajar, – se quejaba – ¿qué haremos después, cuando falte gasolina?” No era una persona dispuesta a un disfrute espontáneo. Entonces yo le preguntaba que para qué guardar algo que no se utiliza. ¿Acaso se va a llevar esos bidones a la tumba? ¿Debía ponérselos en el ataúd?

Fumaba casi dos cajetillas de cigarrillos solo en la ida. Fumaba y corría. Los niños jugaban a contar vacas o carros rojos en el camino. Escuchábamos radio, donde reportaban el nivel de agua: subió dos, bajó cuatro, en la estación de Miedonia sin cambios. Mi esposo comentaba irónico que tal vez lleguemos a Miedionia, en la frontera sur, pero yo quería llegar a la Triciudad en el norte. Al mar.

Llegábamos de noche, primero deprisa a mojar los pies en el mar, luego a comer wafles. Y luego a un hostal barato, y ya después de pagar el hotel apenas nos alcanzaba para el camino de regreso. Y de nuevo al carro, nuevamente un galope más veloz que mi pensamiento. Hicimos este viaje un par de veces.

Cuando viajaba por esta pobre Polonia muchas veces me decía: no puede ser, yo no encajo aquí, hago las cosas a lo grande, tengo ambiciones en la vida. Quiero ir a otros países, donde se entra con el carro a la cocina, donde no falta gasolina, donde se puede viajar tan rápido que las llantas se separan del asfalto. Donde el Fiat se eleva sobre las copas de los árboles.

Una vez volvíamos de una excursión al bosque de Bielany. Es cerca, basta con cruzar el puente. El sol fue muy intenso durante todo el día, me hizo doler la cabeza. Empacamos frazadas, fiambre, y nos pasamos todo el día echados sin preocupación. En la noche había que regresar a casa.

Yo entraba de la auxiliar a la principal. Tal vez me distraje, estaría pensando en otra cosa o viendo algo, o tal vez estaba confundida por el sol y los gritos de los niños. Tomé la curva con demasiada velocidad y golpeamos la barandilla, el carro se dobló como un abanico. Los niños en la parte de atrás casi no fueron afectados, mi esposo chocó su cabeza contra el vidrio delantero. Y yo salí volando del carro y me quedé colgada de esa baranda. Con las piernas abiertas. El médico de la ambulancia no podía detener el sangrado.

En cuanto recuperé la conciencia me llevaron a la sala de operaciones. Y me dicen que van a extirpar algunos órganos porque están destrozados y que además ya no los necesito. Ya cumplieron su función. Me sacaron los ovarios, el útero, y parte del cuello uterino. Me metieron diferentes objetos de relleno. Bobinas, tubos, incluso láminas para huesos. Hay unas muñecas que venden en los quioscos que puedes desmontar y luego armar de nuevo, colocar el brazo en vez de la pierna, poner la cabeza al revés. Me sentía así.

Como si estuviera en el taller de Frankenstein. Tenemos en la casa ese libro en alguna parte. Cuando lo leí luego, encontré esta frase: “La vida es terca y se aferra al cuerpo precisamente cuando más la odias”. ¡Pero yo no pensaba eso! Estaba agradecida por tener un cuerpo y de que este esté vivo. Tengo una vida – así pensaba – la sostengo muy fuerte entre las manos. Estuve dos meses en el hospital. Todos los días miraba al árbol detrás de la ventana y todos los días agradecía. Por mi vida. Porque no le pasó nada a mi familia. Ahora todo será mejor, me repetía. Una rehabilitación dolorosa y luego de ella el retorno al día a día.

Pero cuando volví a casa y por fin pude ponerme a trabajar, llegaron los dolores fantasma. Dolían los cordones umbilicales arrancadas y todos los niños que ya no daré a luz. Me sentía vacía. Al hablar, tenía la sensación de que dentro mío había un eco. Cada palabra rebotaba del fondo del vientre y volvía a mi garganta. Eructaba palabras. No podía remediarlo. Estaba incompleta, dañada. Artificialmente completada.

Creo que por eso me dejó mi esposo. No quería hacer el amor – estaba la vulva y detrás de ella un hueco inmenso en el que podía perderse. Nada de vagina dentata como dicen en la revista “Mujer y vida”. Más bien vagina vaciata. Cero. Nada. Una nada aterradora.

Amo mucho a mis hijos. Solo ellos recuerdan el lugar del que provienen y que ya no existe en
mí.

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Fragmento de la novela "Jolanta" de Sylwia Chutnik.
La acción transcurre en la Polonia comunista, en los ochenta.
Traducción de Alhelí Málaga Sabogal.

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CHUTNIK, S. (2015) Jolanta. Cracovia, Polonia: Znak. Pp. 45-48

domingo, 7 de mayo de 2017

Atrapados




-Aprovechando que el señor Enrique no está – dijo – quisiera reiterar a todos los presentes que no son solo los cuentos lo que no debemos comentar. Tampoco debemos comentar nada de lo sucedido en terapia. Es uno de sus principios básicos. Incluso si una sesión fue tan intensa como la de ayer. En casos como este nuestro silencio es aún más necesario.
-¿Por qué? - preguntó Eusebio Kaim, sin alzar la mirada del plato.
-Porque entonces encubrimos con nuestras palabras e intentos de interpretación aquello que hemos descubierto. Al contrario, debemos dejar que la verdad empiece a actuar. Que encuentre su camino a nuestras almas. Sería deshonesto, respecto a todos nosotros, matar esa verdad por medio de discusiones académicas. Créanme que así es mejor.

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Me pregunto cómo sería, pensó Szacki, si ahora estacionase en el patio y entrase a ese departamento en el tercer piso, y allí me esperase aquella chica. Si tuviese una vida completamente distinta, otros discos de música, otros libros en los estantes, si sintiese el olor de otro cuerpo a mi lado. Podríamos ir a pasear por el parque Lazienki, le contaría por qué tuve que ir hoy a trabajar, por ejemplo en un estudio de arquitectos, y ella diría que soy muy valiente y me compraría un helado junto al teatro La Isla. Todo sería distinto.
Qué vileza, pensaba Szacki, que solo tengamos una vida, y que esta nos fatigue tan pronto.

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MIŁOSZEWSKI, Z. (2007). Uwikłanie. Varsovia, Polonia: Grupa Wydawnicza Foksal, p. 11 y p. 25-26


domingo, 23 de abril de 2017

Wiersz

Poema

Los poemas deben como el profeta Elías
entrar a las casas de los pobres hermanos.
Aún espero poemas que se vuelvan poetas,
y aún espero a poetas que se vuelvan poemas.

Estoy a la espera del milagro inesperado:
que los poetas se conviertan en aquello que escriben,
que los poemas se conviertan en imagen y sangre
y anden entre la gente, para convertirse en poetas.



¡Nuevo respiro para los viejos corazones!
¡Galvanizar a las frías ranas!
¡Hacer que florezca una seca rama!
...En todos los mundos revelar el sabbat.

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Aron Cajtlin, Lider fun Khurbn un Lider fun Gloybn, I, 1967.
Traducción al polaco: Bella Szwarcman-Czarnota
Traducción del polaco al español: Alhelí Málaga
Texto tomado de aquí.

lunes, 3 de abril de 2017

Recetas inusuales I

CORAZA NORTEAMERICANA DE CARBOHIDRATOS PARA EL CORAZÓN


  • UN PROBLEMA (UNA SEPARACIÓN, UN CORAZÓN ROTO, UNA ENFERMEDAD)
  • UN PLATILLO PREFERIDO CON UN GRAN CONTENIDO DE GRASAS Y CARBOHIDRATOS (DE LA COCINA POLACA SE PRESTAN MUY BIEN LOS RAVIOLES PEREZOSOS, EL FIDEO CON AZÚCAR O EL ARROZ CON MANZANA)
  • PAÑUELITOS USADOS (PARA LA PRESENTACIÓN)

Primero debemos desarrollar en nosotros el sufrimiento. Si no tenemos un problema propio, podemos utilizar el problema de algún amigo o simplemente pensar en nuestra soledad en la gran ciudad y similares.

Se debe esperar hasta que el dolor de la existencia y el temor se desarrollan hasta niveles difíciles de aguantar.

Entonces podemos empezar a comer, concienzudamente, aunque de forma rápida y sin cuidado.

No es necesario ni siquiera masticar, es conveniente también ver al mismo tiempo en la televisión algún programa bullicioso y con abundantes escenas del crimen.

El dolor y cualquier síntoma del pensar deben desaparecer después de diez minutos, pero no desistamos y no dejemos de comer. Obligatoriamente debe tratarse de cantidades superiores a las necesarias.

¡Atención! ¡Para obtener una relación verdaderamente obsesiva con la comida, la coraza debe ser colocada con la mayor frecuencia posible!

Para mayor variedad, se puede introducir notas italianas, japonesas y mexicanas.

¡Provecho!

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Receta encontrada en: MASLOWSKA, Dorota. (2016). "Más de lo que puedas comer. Artículos paraculinarios", Varsovia, Polonia: Editorial Noir Sur Blanc, p. 65

sábado, 4 de febrero de 2017

Lenguajes XXI

[Los sueños infantiles olían a vainilla]
KRZYSZTOF KAMIL BACZYŃSKI


Los sueños infantiles olían a vainilla.
¿Cómo arrancar esta vida al espanto?
Estos días - como diosecillos en un olivar -
se convirtieron en lobos adultos y el fuego
fue consumido por los pinos de sublimes exaltaciones.
Así son las cosas, madre. Duele la espina del viento
clavada en el vigésimo otoño, cuando ya comprendo
las palabras más difíciles. Sobre la mesa quebrada
fallecen las flores - tablas secas de ataúdes.
Ahoga el bosque de acontecimientos demasiado crecidos. Nada más.
Madre,
con una sonrisa más de hace veinte años
devuélvame el mirar al mundo
como niño.

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Texto tomado de aquí.

Traducción de Alhelí Málaga.

martes, 27 de octubre de 2015

El libro de María

Cuentos de Auschwitz
WŁADYSŁAW BRONIEWSKI

Leí el libro de María

aullando, llorando.
Así solo escriben los muertos
cuando todavía están vivos.

Yo nunca estuve en Auschwitz
pero me lo sé de memoria.
María... ¿Cuál era su nombre?
Ventisca...

Iba contra el viento, la lluvia, la nieve,
descalza,
a la izquierda un SS-man, a la derecha un espía,
no tenía cigarrillos, 

no tenía nada, nada tenía,
pobre,
y me llamaba, y seguía llamándome,
y estaba siempre sola.

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Texto tomado de aquí.
Traducción de Alhelí Málaga

domingo, 21 de septiembre de 2014

Lenguajes XVII

El jardinero
JANUSZ STYCZEŃ

en el horizonte, tras del jardín, se ve al sol ocultándose,
en los confines del jardín un hombre pasea
entre las islas de flores,
como si fuese el nuevo jardinero,
la mujer corre hacia el jardinero, quiere alcanzar
a reconocerlo antes de que caiga la noche,
el jardinero voltea, su torso desnudo emerge
del largo vestido,
la mujer lo reconoce, cae de rodillas,
no me toques, grita, más que dice, el hombre,
la mujer retrocede las manos extendidas,
se arrodilla sobre la hierba, como si se arrodillase no ante el hombre
sino ante alguien del Otro lado,
alguien que no quiere que ella sepa si tiene cuerpo
o si es un espectro,
la mujer se da cuenta que es mejor no intentar con el tacto,
mejor mirar al amado, dar por suficiente
el poder verlo,
alegrándose de que haya venido de Ese lado,

aunque sea por esta noche, a este jardín predilecto,
las ropas del hombre son como de un cuadro en un museo
o en una iglesia,
su vestido está amarrado en la cintura, la mujer querría
tocar al menos ese nudo,
pero teme que entones el nudo desharía a todo el personaje
en solo sombra, una con el césped,
la mujer lleva un vestido largo, como los que las mujeres
han usado en épocas diversas, y que hoy
pueden usar también,
la mujer esconde su cuerpo en el extenso vestido,
intenta cubrir con él su cuerpo por completo,
el sol brilla en los cabellos dorados de la mujer,
como si fuese cariñoso con la mujer real,
con la mujer del lado de acá,
no me toques, repite el hombre,
se lo lleva el sol al ponerse,
solo se oye su voz, ya no se le ve
en la creciente oscuridad, el jardín está vacío,
la mujer mira la oscuridad del jardín,
como si fuese ella quien volvió de Aquel lado

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Janusz Styczeń, Furia instynktu, Biuro Literackie, Wrocław 2011, pp. 77-78 

martes, 12 de agosto de 2014

Gdziekolwiek

Dondequiera
EDWARD STACHURA

Dondequiera que estés
¡Sal a la calle!
¡Ve a los campos!
¡Oye el llamado!
Soy yo quien llama.

Dondequiera que esté
Allá no estoy.
Hay delirios
Pues tú no estás,
Y hay desiertos.

Dondequiera que estés
Tampoco estás.
Hay delirios
Pues yo no estoy,
Y hay desiertos.

Dondequiera que esté,
allá estás tú,
y así estamos,
como el silencio
tras este canto.


O un cerezo 
con manzanas.


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Texto tomado de aquí.
Traducción de Alhelí Málaga

lunes, 27 de mayo de 2013

zamknięty echem

encerrado por un eco
KRZYSZTOF KAMIL BACZYŃSKI

Desde aquí el cielo es grande como el cielo sureño

que no cruzaste a nado -y ya no lo harás.
Expuesto a las estrellas después de las salvas del día
pasarás
como las ciudades abandonadas en el camino.
Inadvertido
traspasado por las balas de todas las guerras
morirás
encerrado por un eco menor como eco de algunos labios, 
empequeñecido en el desván por el cuarto.

julio 1940


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Traducción de Alhelí Málaga del 28 XI 2000
Texto original encontrado aquí.