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miércoles, 20 de abril de 2011

Kinga Dunin, Zadyma - cz. 9 i ostatnia

Aunque entré al feminismo por la portezuela con el letrero „democracia liberal”, encontré aquí mucho mas de lo que esperaba. Ante todo, comprendí que ser mujer acarrea consecuencias mucho mas graves de lo que me parecía cuando tenia veinte años. Eso no significa que considere la diferencia de genero como la fundamental: al contrario, me hice mas sensible también a otras diferencias. Al fin y al cabo todo esto se dio al mismo tiempo que el cambio de sistema y la construcción del capitalismo. Se acabaron los tiempos en que se podía creer ingenuamente que el fin del comunismo traería un inmediato bienestar para todos. Pero fueron estos dos factores- la experiencia de la transformación y el feminismo- los que hicieron que el problema de las diferencias sociales, de la exclusión, de las desigualdades económicas volviese a revivir en mi cabeza. Se volvió tan real como el alguna vez básico conflicto entre las tendencias libertarias y el comunismo. Y en ese momento me separe (mentalmente) de mis compañeros de la oposición, de los que gran parte se hundió en los archivos y en exhibir su cualidad de antiguos luchadores. E incluso si no se hundieron, de todas formas se quedaron en tiempos en que aun no existía el termino „globalización”. Los antiguos comandantes*, que seguían aprovechando las acciones de Agora*, se petrificaron en un discurso que en algún momento tal vez fuera revolucionario, pero que hoy es conservador.

De modo semejante a las Manifas* feministas, las Paradas de la Igualdad Gay- por primera vez participe en este evento en el año 2003- son mas que un modo de reclamar la tolerancia y derechos en si. Son también un espectáculo. Véannos. Chóquense con el hecho de que existimos y de que somos distintos. Sin embargo, para mi esas ya no eran luchas. Voy a ellas como un ciudadano civilizado a una manifestación. Así, simplemente. Lo entendí, cuando después de la ultima Parada de Igualdad converse con mi ex hijastra. “Cuando iba entre la multitud, me di cuenta de cuantos somos- contaba ella- sentí que algo nos unía, y eso me conmovió tanto que me puse a llorar”. La escuchaba con envidia, pues recordaba esa sensación- incluso de las misas por la patria*- pero deje ya de experimentarla. Envejecí. Tampoco necesitaba de los eventos y luchas de lesbianas y gays para entender y hacerme consciente de algo. Eso sucedió antes.

Cuando iba al colegio, en los libritos concienciadores, la homosexualidad aparecía en la sección “desviaciones”. Pero eso no me llamaba la atención. Otras desviaciones sexuales eran decididamente mas excitantes. Que mas puedo decir? Hasta ahora no puedo explicarme mi propia falta de reflexión. La homosexualidad existía y al mismo tiempo no existía. Mientras crecía, me sucedía esto y aquello con amigas. Uno de mis primeros enamorados me confeso que, antes de mi, estuvo enamorado de un compañero del salón. Otro pata contaba a su vez como al no poder arreglárselas con ciertas cosas, fue al sexólogo. Este lo miro hondo a los ojos y lo invito a pasar un fin de semana en Mazury. Conocía a hombres muy solitarios, sobre los que sabia que eran homosexuales, así como hombres casados, sobre cuya preferencia por los muchachos se chismeaba abiertamente. Ello no tenia para mi ningún sabor a escándalo- nosotros, los hijos de Woodstock y del KOR, eramos bastante liberales, pero de un modo totalmente irreflexivo. Y tal vez por ello todas esas experiencias e informaciones aparecían por un momento y de inmediato desaparecían. No conducían a ningún cambio en el pensar. No provocaban ninguna pregunta. Los libritos sobre desviaciones lo suyo, y la vida lo suyo. Todo eso sucedía por allí escondido, bajo la piel de la llamada normalidad. Recién hoy se que la emancipación consiste justamente en mostrar lo no mostrado, pero yo crecí en tiempos pre-emancipatorios. Y me desperté recién a fines de los ochenta como una señora de mediana edad.

Conocí a Julio. Julio era un indígena quechua del Perú. Llego a Polonia hace mas de diez años, a estudiar en un país socialista como premio por el comunismo del padre. Aquí se hizo parte de la oposición, de aquella que era mas de derecha. El 13 de diciembre* estaba en el astillero*. Arrestado junto a los demás, fue deportado y se instalo en París. Cuando, aun antes del 89, se dio cierta liberalización, se le permitió venir aquí de nuevo. Y entonces lo conocí, quizás en el departamento de una de las ministras del gobierno actual. Julio era distinto, pero no era un delicado señor con fularel. Era maravilloso, colorido, y no tenia absolutamente ningún problema con ser homosexual abiertamente. Fue el primer gay al que conocí. Y- lamentablemente- tenia el VIH. Hoy esta muerto. Nos gustaba discutir sobre quien es mejor escritor: Parnicki o Vargas Llosa. Yo, por supuesto, estaba del lado de Vargas Llosa. Hablamos poco sobre su orientación, mas sobre el racismo dominante en Francia. Y mucho sobre el sida. Mi hijo era aun pequeño, y el gato podía rascar hasta hacer sangrar. Había momentos en que tuve miedo, ademas de que realmente sabíamos muy poco sobre el VIH. Pero Julio era muy responsable, y yo pronto me iguale en las lecciones atrasadas. Me di cuenta que vivo en un país sin gays, y lo considere una perdida importante. (Aunque era justamente el momento del nacimiento del movimiento gay en Polonia, sin embargo públicamente aun había silencio al respecto). Y recién entonces apareció en mi cabeza el convencimiento claro y distinto de que la homosexualidad no es un problema moral. No es algo bueno o malo, simplemente es. Y- de modo semejante a la feminidad- tiene consecuencias mucho mas hondas, no se reduce solamente a con quien se duerme. Por eso también fui hincha del movimiento homosexual desde que apareció en la superficie de la vida publica. Y ya no necesitaba para ello participar en ninguna manifestación.

Sin embargo, aun considero que las manifestaciones, luchas y marchas son indispensables. Una marcha siempre es riesgosa para los que toman parte de ella. Es riesgo de ridiculización, de marginalización, de ser considerado un loco. No siempre puede uno esconderse en una multitud de miles. Durante al menos un momento hay que supeditarse a lemas sencillos, a veces demasiado sencillos. Pero es una escuela no solo de lucha, sino también de pensamiento. Y de sentir. Y la única ocasión, para, por al menos un momento encontrarse afuera del sistema y verlo desde allí.

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¡Es todo! ¡Aquí acaba! Con bendición lejana de la autora- aquí esta.

viernes, 25 de febrero de 2011

Kinga Dunin, Zadyma - cz. 8

Y después llegó el tiempo de otras manifestaciones. Para mi, primero, las feministas. Cuando escuche hablar del feminismo por primera vez ? Puede que justo cuando terminaban los años setenta. O tal vez ya durante el estado de guerra*? En todo caso recuerdo que estaba yo sentada junto a una mesa de cocina con dos alemanas, vestidas con un estilo que podría llamarse “nunca cesare en la contestación”. Luego alguien me dijo que una de ellas estuvo relacionada con el Grupo Baader-Meinhof, pero tal vez sea solo una leyenda. En todo caso las alemanas no cesaban en la contestación. Habían venido a Polonia en una especie de safari- se trataba de visitar la oposición local. Allá, se quejaban, la gente se aburrió de la rebeldía, la generación del ’68 se cubrió de grasa, mientras aquí, en el lejano Este, se podía encontrar disidentes, es decir una especifica forma de contestación de Europa del Este. Nuestras narraciones sobre la falta de democracia, el totalitarismo y el vinagre en las tiendas provocaban en ellas solo escepticismo. Hablaban todo el rato sobre un capitalismo que aniquilaba la voluntad y... Si pues, creo que entonces vi por primera vez a una feminista. Aunque entonces no consideraba la historia sobre la discriminación de las mujeres como una expresión sensata, esta historia no remitía a ninguna realidad, y yo no notaba relación alguna entre esa historia y mi vida. La democracia formal nos parecía entonces garantía suficiente de todas las libertades deseadas. Y cuando por fin llego, nadie tuvo cabeza para hacerse cargo de las cuestiones de las mujeres. El feminismo no existía en la conciencia social. No aparecía en el discurso publico, no era objeto de reflexiones, ni siquiera de burlas. No había libros feministas ni temática de genero en las universidades. En verdad nadie sabia que hay algo así como sexo y género. Si acaso existía algún grupúsculo feminista, se encontraba en un margen absoluto. A las mujeres que querían ocuparse de las cuestiones de igualdad de derechos, en la renovada Solidaridad, rápidamente se las puso en su sitio.

En 1989 los sueños chocaron con la realidad, que resulto, en muchos aspectos, mejor que aquello que hubo, pero que también despertaba nuevos problemas y preguntas. Para mi el momento clave fue el cambio de la ley que posibilitaba el aborto. Recuerdo mi reacción, cuando escuche hablar de ello por primera vez. “Excelente- dije- así que tendremos feminismo en Polonia”. Hablando de feminismo, no tenia entonces en mente nada concreto, en el fondo me pasaban por la cabeza una multitud de movimientos intelectuales, opiniones, movimientos sociales, que esperaba aparezcan después de recuperar la libertad. Polonia dividida entre Solidaridad y la comuna me parecía ya aburrida. Sin embargo, era chocante para mi que, a causa de la nueva ley, íbamos a- en un país que justo había recuperado la libertad- perder una libertad que para las mujeres de mi generación resultaba evidente. La participación en las manifestaciones pro-choice me permitió experimentar en la propia piel lo que es en la practica la pluralidad. Otro modo de polarización. No pertenecía ya al justo y oprimido „nosotros”, me tocaba el papel del Otro- feminista, loca, asesina de niños concebidos, enemiga de la nación polaca. Me enteré que soy lesbiana y judía. La sociedad estaba dividida, y la nación re naciente se deshacía de distintos cuerpos extraños. Salio a la luz cuanta conciencia les falta a los polacos de que el estado es propiedad de personas con distintas cosmovisiones e identidades.

Cada año, al volver de la Manifa*, enciendo el televisor para ver las mas o menos mentirosas relaciones de esta manifestación feminista. Veo como se transforma los lemas, se aplica el método de oponer a sus participantes a las mujeres „normales”, se pone un signo de igualdad entre el radicalismo de la manifa y el radicalismo de otros grupos, por ejemplo los de extrema derecha. Una cosa es segura: incluso los autores de los mas amables y objetivos reportes evitan intentar de interpretar este evento en categorías anti sistema. Se da cuenta de postulados sencillos: acceso al aborto, discriminación en el mercado laboral... El comunicado contra cultural de la Manifa: nos ahogamos en la cultura patriarcal, queremos un mundo totalmente distinto- no puede ser leído en el lenguaje del discurso dominante.

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...continuará...
*Las dudas que hubiese intentare aclararlas en los comentarios...

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Kinga Dunin, Zadyma - cz. 7

Pero al fin me moví. Cuando en televisión mencionaron la muerte del padre Popieluszko*, sin pensar muy bien por que, fui con Sergio a Zoliborz*. Allí nos topamos ahí con una multitud. Nadie los había llamado ni los había organizado. Aquello era de verdad increíble- de modo totalmente independiente, a un montón de gente se le ocurrió la misma cosa. Y no se trataba de la necesidad de comprar azúcar antes del alza de precios*.

Observaba la ola de huelgas de fines de los ochenta con conmocion. No recuerdo como lo consegui, aunque se muy bien, para que- durante las reuniones de la Mesa Redonda* fui observadora en la submesa de medicina. No era nadie, no tenia manera de participar realmente, pero tenia muchas ganas de estar adentro. De sentir la atmósfera. Tenia un pase permanente, daba vueltas entre los telones, a veces miraba por la ventana. Un día vi- desde arriba, desde la ventana del palacio- una demostración más bien pequeña de la AIE*. Es importante recordar que desde arriba, desde los sitios donde se instalo el poder, verdadero o solo ritual, las marchas se ven de un modo distinto. O son pequeñas, y entonces sus lemas no se oyen tras las ventanas cerradas, o son tan grandes y peligrosas, que la única preocupación es terminar con ellas. El poder puede ceder ante el movimiento, pero no aprende nada de el- eso creo. En todo caso, entones entendí varias cosas. Ante todo, que no estoy en mi lugar, que debería estar en la calle. Aunque puede que soñara mas con la Magdalenka*. De todas formas, esos bailes rituales alrededor de la Mesa Redonda me resultaron de pronto una representación aburrida. Es muy probable que los acuerdos de la Mesa Redonda no habrían podido darse sin Magdalenka, es posible también, que sin Magdalenka no habrían sido tan malos... Empezamos con que las élites, que solo con la mejor voluntad podían pasar por representantes de la sociedad o al menos de su parte anticomunista, de todas formas resultaron ser una representación demasiado democrática. Alguien mejor y mas importante debió resolver las cosas en serio. El espectáculo que fue la Mesa Redonda se puede, entonces, valorar, solo desde el punto de vista de la estética y del poder simbólico. Y algo hizo falta en ese espectáculo.

¿Por qué durante todo ese tiempo en Krakowskie Przedmiescie* no hubo masas, multitudes? Sucedáneo de democracia directa. Dar cuenta de las decisiones tomadas. Soberanía. Presión. ¿Por qué nadie lanzó el aviso? ¿Por qué a la gente se le mandó el comunicado: “Nosotros arreglaremos todo, y ustedes quédense callados”? Estoy convencida, de que si se hubiera llamado a la manifestación, esta se hubiera dado. Pero una sociedad anticomunista hasta el fondo de los huesos, en un estado de hervor revolucionario, hubiera venido incluso sin ser llamada. Sin embargo, no vino. Y, así, la caída del comunismo la vivimos per procura, la recibimos de manos de otros.

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...continuará...
*Las dudas que hubiese intentare aclararlas en los comentarios...

lunes, 5 de julio de 2010

Kinga Dunin, Zadyma - cz. 6

Si, en cambio Solidaridad si fue una revuelta de veras. No viaje al astillero* por casualidad. Inesperadamente me comenzó el periodo- obviemos los detalles fisiológicos y de mercado, como la imposibilidad de conseguir en toda Varsovia aunque sea un empaque de gasa. Hasta hoy me pregunto como hubiera sido mi vida si hubiese viajado. Qué estaría haciendo hoy? Donde estaría? Me habría vuelto feminista? Tendría tal vez acciones de Agora?

Mirek de todas formas consideraba que no hay que meterse a ninguna parte. „Limpiamos un poco las rieles, ahora que parta por ellas el tren de la historia” –decía. Que esta sociedad haga lo que quiera, que se organice, que llegue sola al sentido común. Hoy Mirek es un jubilado que vive a las afueras de todo. A varios como el, o parecidos, encontré en los veinticinco años de “Nueva”. Los encargados de imprenta, del transporte, dueños de locales- un montón de gente sin el que la oposición no podría haber existido. Aunque tampoco fueron tantos, dicen que en los archivos de Seguridad teníamos nuestras carpetas, en esos tiempos: tres mil. Gracias a ese suelo existían los políticos de oposición. Hoy se puede encontrar entre ellos a varios desocupados y diversos desviados, a los que se podría condecorar, dar jubilaciones especiales. Pero no eso – o no solo eso – quieren. Quisieran ser otra vez aunque sea un poco importantes, como cuando andaban envueltos en la gloria de los muchachos del mimeógrafo. Quisieran aunque sea por un momento sentirse parte de esa comunidad anterior. En las celebraciones no apareció nadie realmente importante. Michnik, el mas esperado, contesto con un fax enviado por su secretaria: el redactor esta ocupado, para los gastos del banquete envía 500 zlotys...

Durante Solidaridad me enamore de la política. Con alivio acepte la noticia de que se puede ya no dar testimonio, no existir por existir, dejar de repetir que la verdad es el arma de los débiles. En escena entraron la fuerza y el poder, ademas de los verdaderos sujetos colectivos. La sociedad revivió. Se daba un juego real entre los poderosos y Solidaridad. Se daban diversos juegos por el poder dentro de Solidaridad. Por un lado el romanticismo incesantemente animado, del otro- la táctica y la estrategia. Por fin el asunto se volvía realmente interesante, pero tenia un pequeño problema: no había allí sitio para mi. De participante de un simpático y en realidad contra cultural juego pasé de pronto a espectador. Aunque eso no era tan malo. Desde la distancia se ve mejor. Me daba asco Walesa. Me daba asco el mercadillo eclesial-nacional. Me preguntaba si podría haber sido de otro modo. Pero cuando Jan Józef Lipski* se desmayo, pues la Asamblea de Solidaridad no quería aprobar los agradecimientos al KOR, entendí que no. Me hice consciente de que, si Solidaridad vence, de nuevo seré parte de la oposición, volveré a ser parte de la minoría. A pesar de eso fui su hincha de todo corazón- a la comuna tenia que destrozarla una lucha potente, y ya se vería lo que iba a ser después. Al menos cambiaría algo.

El 11 de noviembre, un mes antes del 13 de diciembre*, caía nieve con lluvia, soplaba un viento frío, que se calaba hasta los huesos. „A donde vas?”- me pregunto mi marido de entonces. A una demostración patriótica. A la ultima demostración legal en una Polonia libre. La ultima demostración legal en mi vida. Veteranos, scouts, antorchas, marchas- tambores, cantos patrióticos- fue de verdad hermoso. Pero la señorita S. se preparaba para darse media vuelta. Perra, pensé, me harás falta. Es difícil vivir sin movimiento...

Después, cuando pegaban, ya no iba a las marchas. A veces a las misas por la patria. Al fin y al cabo soy un teórico puro, no una marchante cualquiera. Pero todas esas acciones me alegraban, así que nunca preguntaba por su sentido. Sin embargo siempre he recordado como, durante el estado de guerra*, después de apenas algunos días y de la intervención del general Kiszczak, como una de las primeras (madres- únicas sustentadoras del hogar) fui liberada del arresto. Estaba parada en la esquina de Grójecka y Niemcewicza. Por Grójecka pasaban los tanques, y la gente los miraba como si fueran tranvías. Iban apurados hacia alguna parte, hablaban de que a una tienda cercana acababan de llegar zapatos. Ahí, de donde yo había salido, se cantaba canciones religiosas y se creía que todos estaban con nosotros. No tenia llaves ni dinero, toque la puerta de los vecinos. No sabia muy bien que decir, pero no tuve que pensarlo mucho, porque de inmediato me cerraron la puerta en las narices.

Los marchantes, los de las revueltas (incluso los teoricos), aunque siempre estan solos, tambien viven siempre con la ilusion de que tras ellos hay millones. Porque la marcha es una experiencia de comunidad. Funciona como una droga.

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...continuara...

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jueves, 29 de abril de 2010

Kinga Dunin, Zadyma - cz. 5

La oposición sabia muy bien lo que quería, o más bien lo que no quería. Estaba contra la comuna. El solo hecho de existir era ya como arena lanzada dentro de los mecanismos de funcionamiento de la RPL*. Su sentido básico era la existencia, y para que exista, había que inventarle numerosas ocupaciones. Ante todo, la critica al sistema, la visibilización de su carácter represivo. La crueldad del sistema se mostraba mejor sobre el propio lomo. El “Boletín Informativo”* reemplazaba a la crónica social- a quien y donde habían atrapado, a quien golpearon. A. pedía a los conocidos que llamen a Kuron* y digan que lo agarraron (fue encerrado para cuatro ocho, es decir cuarenta y ocho horas). Mientras tanto iba donde la amante, y el reporte de la represión de cada noche en REL (Radio Europa Libre) constituía una coartada para la esposa. Eso era lo que hacíamos: dejarnos encerrar. Le dábamos a la gente la sensación de que algo sucedía. Cuando algo sucede, a veces se mueve el pensamiento, que busca un nuevo nombre, y el nombre, un nuevo idioma. „Que es 'soloesprile'?” –se bromeaba. „Solos escriben, solos publican, solos leen.” Por que los bestsellers clandestinos no brillaron en las ediciones masivas? Quien se atrevería hoy a publicar “Monito” de Bradys* o “Circo” de Wierzbicka*? Pues si, su virtud no era el contenido ,sino ser de oposición. Y era una virtud autentica. Porque Polonia no estaba tan sedienta de nuevas obras literarias como de oposición. Sin embargo, hablar sin parar sobre la esencia monstruosa del totalitarismo se volvía, a largo plazo, estéril.

No se que sucedía en los departamentos de los prominentes de oposición. Cuan hondos análisis aparecían allí. Si se hacia allí algo de verdad aparte de beber whisky con los corresponsales extranjeros. Con seguridad se hacia política de un modo inaccesible a la plebe de oposición, de la que me consideraba parte. Sin embargo, no aparecía ningún programa o visión serios del modo de administrar la libertad. La soberanía y la democracia recién en el futuro iban a llenarse de contenido. Que contenido? En aquellos tiempos se callaba mas bien sobre economía. Se sabia que iba a ser una economía sin carencias en el mercado- o sea adivínalo, gatito, como escribiría Kisiel*. Pero a la marxista se seguía apostando por la clase obrera. Mas seguro era entonces no pensar en que precio podría tener que pagar la clase obrera por el cumplimiento de los suenos sobre el salchichón comúnmente accesible. Cada vez se dibujaban con mas claridad las diferencias entre la derecha y los “generalmente justos”, que normalmente evitaban como al fuego el termino „izquierda”. Simplemente no gustaban de la derecha nacional. Y en realidad a la tradicional derecha nacional, que seguía pensando en anacrónicas categorías de antes de la guerra, se oponía la moderada y civilizada derecha modernizada. Pero que en categorías como derecha nunca se auto definía. Quería tenerlos a todos: y a los obreros, y a los católicos, y a los hippies, y a los comunistas liberales (por si acaso). Tampoco criticaba alguna vez a la sociedad. Porque solo la sociedad podría hacer por fin una verdadera, gran lucha. Preludio de esta fue la primera visita del Papa.

Pero antes llego a mi ciudad Antek Macierewicz, para averiguar que opinábamos sobre la posibilidad de aprovechar la situación – es decir la reunión en un solo sitio de tal cantidad de gente- para fines revolucionarios. Estábamos donde Zbyszek del MDDHiC (derechista Movimiento de Defensa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano), sobre cojines, alrededor de una mesa baja en la que se lucia un gran salero de madera con forma de pene. Levantarse era peligroso, porque podía uno chocar la cabeza con una de las campanillas budistas. Antek daba un discurso sobre las posibilidades de la masa, que es un barril de pólvora, e intuitivamente tocaba el salero, con seguridad salando en exceso sus bocadillos. Yo pensaba que de todas formas no haremos nada contra la Iglesia, así que era perder saliva. Nadie se preocupaba por el Papa. Las campanillas tocaban (como en la Iglesia) porque de todas formas alguien se levantaba... Me atrapo una agotadora sensación de absurdo. Vivíamos en tiempos absurdos.

Y luego con Mirek viajabamos en el pequeno Fiat 126 a Cracovia, a la misa en Blonia. (“Para que usted, atea, viajo alli?”- inquiria luego mi agente de seguridad, Goscimil Glamkowski. Encogi los hombros. O puede que haya contestado algo y eso esta en mi carpeta, que no recogi del IPN*).

Amanecía. Cruzábamos pueblos y pequeñas ciudades, todos con una apariencia de que en toda Polonia se daba una gran procesión de Corpus Christi. Ese era otro país, y en mi germinaba el orgullo. En cambio Blonia estuvo fatal. Calor, el pasto pisado y gris. Una muchedumbre de polacos con los cuellos estirados, y en la lejanía algún teatro institucional. Incluso Dios, que a Polonia* no quedo bien. No, no hubiéramos hecho aquí ninguna revolución. La gente bebía te de botella, desenvolvía los sánguches de entre el papel. Aquella gente había venido, llegado por motivos absolutamente distintos, que hasta hoy son para mi un misterio. Cuantos habíamos sido, lo sentimos recién al separarnos.

Desde ese momento no podía dejar de pensar en la sociedad. De termino abstracto paso a ser para mi la multitud de gente a la que tal vez algo unía entre si – pero no conmigo. Y una multitud de no se sabe quienes. Eso no se parecía a las posteriores visitas del Papa. Estábamos aun tristes y sin energía.

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viernes, 26 de febrero de 2010

Kinga Dunin, Zadyma - cz. 4

Tras diez anos me quedo la fascinación por los Otros, el desgano hacia la comuna y muchas cuestiones no resueltas referentes a la importancia de la pertenencia nacional. Intente entonces escribir un texto que no termino hasta ahora. Empezaba mas o menos así: “Soy polaca del mismo modo que soy mujer. No lo escogí, pero no lo rechazo. No afirmo que ello no me defina. Sin embargo, si pudiera elegir, habría nacido en Suecia como varón –lamentablemente, sucedió. Soy capaz de aceptarlo, puedo estudiar las consecuencias de este hecho, pero nada valioso resulta de ello para mi”. En alguna conversación de borrachos Antek Macierewicz me decía: „Tu eres polaca, y yo soy polaco“. Le preguntaba: „Y que hay con eso?”. Mientras el, si mal no recuerdo, contesto: “Amo ser polaco”. Esa era la cuestión: yo no amaba ser polaca. Pero era la poloneidad la que se colocaba como opuesta al comunismo. Se supone que en círculos como el KOR*, con mas ganas se decía “sociedad” que “nación”, pero el arma era la historia. Por supuesto la historia nacional, de la que nos ocupábamos mas por oposición a la comuna que por una real necesidad de saber. Katyn, Vilnus, Lviv... La oprimida nación polaca, la plaga roja... Aunque había una segunda narración: la lucha con el totalitarismo por la democracia y los derechos humanos, o sea por algo mas universal que la nación. Lo uno con lo otro se armaba en una totalidad de algún modo armonioso, mientras no se llegaba la confrontación, a la pregunta: cual es mas importante. Lo entendí durante el encuentro con Jacek Kuron, a quien alguien acuso de intentar finlandizar Polonia. ¿Cómo se puede soñar con Finlandia, si no es un país totalmente soberano? Y entonces se me ocurrió la respuesta: totalmente soberana es la URSS. Y siendo así, prefiero a la no soberana pero democrática Finlandia.

Todo eso debí haberlo escrito en la encuesta que mencione antes. Pero no – me mantenía como en una magma, en alguna otra obviedad, esta vez llamada contestación. Ya distinta, tranformada por Marzo y por unirme a la oposición, rebelada contra los hedores de RPP (República Popular de Polonia), pero aun con niebla en la cabeza. Y con algunas máximas sencillas: comunismo malo, democracia buena; xenofobia mala, nación polaca buena. Y entonces "La Iglesia, la izquierda, un dialogo" de Adam Michnik*. Un libro que lei con la sensación de que se adapta perfectamente a mis expectativas. La inteligencia lucida- en nombre de valores obvios- mano a mano da el ejemplo junto a la buena Iglesia. El dialogo no constituía problema, porque no sentía aquí ninguna contradicción. Estaba orientada amigablemente hacia la Iglesia, aunque no me interesaba particularmente, ademas hace algún tiempo que ya no iba ahí. Mi familia no era de la “izquierda laica” sino inteligencia polaca que se volvía laica. El libro de Michnik correspondía a mis reacciones naturales, y con seguridad no solamente a los mías. Recién mas tarde entendí que Michnik la escribió partiendo de experiencias diametralmente distintas. Que el catolicismo no era para el un componente natural de la identidad, que la palabra izquierda tenia para el otro sentido que para mi. Entonces su visión me pareció atrayente. Hoy considero que dificulto la formación de una identidad anticomunista de izquierda. No facilitaba el movimiento del pensar, solo proporcionaba un lenguaje para expresar aquello que de todas formas se sabia y se sentía. Era kitsch- es decir un genial libro político.

Esperaba nuestro acontecimiento. El asunto de Pyjas* pudo haber sido su antecedente. Intentábamos en mi ciudad formar un CES (Comité Estudiantil de Solidaridad) e incluso puede que lo hayamos fundado, pero como que no nos iba. Pedimos una misa por Pyjas. En la Iglesia eramos menos que los agentes de seguridad. Entre ellos Piotrek Amsterdamski y yo- definitivamente poco adecuados en ese sitio. No podía imaginar a mis compañeros de sociología en alguna asamblea. No podía imaginar ninguna fuerza capaz de llevarlos a esa asamblea. Quedaba planificar en secreto y conspirar. Un poco grotesco. Escribir en hojas, para evitar los chuponeos. Actuar por actuar, por la compañía. Momentos de excitación agradable, cuando no se pensaba en los fines, tales como la libertad o la democracia, solo se caia en el torbellino de transportar rollos de papel u organizar locales. Los encuentros de la Universidad Voladora*, donde no era importante el tema de discusión, sino si entraran o no –los agentes de seguridad.

Había también otra vida. Libros de moda, que por supuesto no eran polacos. Cortazar, Garcia Marquez. Copiado en mimeógrafo, Cocteau sobre las drogas. Aunque nosotros conocíamos solo la hierba –Witek Sulkowski, uno de los ya mencionados tres poetas, alguna vez en el Movimiento, recibió el premio vecinal al balcón mas bonito, cuando los arbustos crecieron bien. Los teatros estudiantiles, donde sujetos vestidos de negro se arrastraban en la oscuridad, gimiendo, y luego caminaban con velitas. Lutek Dorn desnudándose durante un espectáculo de teatro japones vanguardista. La fascinación con la India, con el budismo. Al fin y al cabo una de mis rutas a los círculos de oposición fue Zdzislaw Jaskula (tambien uno de los tres poetas), a quien conocí en un encuentro con algún guru hindú. Una multitud salvaje embistiendo el teatro para entrar a un espectáculo de Kantor. EL rock. Los altillos en los que se apretujaban telas no expuestas en parte alguna. Los baños en los que se secaban negativos con fotografías vanguardistas, no apreciadas.

La expresión. La imitación del mundo y una autentica necesidad de hacer lo que fuera. Una contracultura extraña, que no formulaba ningún programa mas amplio, que huía de los lemas, que escogía a veces el lenguaje del esoterismo. Pero aquellos que más sobresalían de la gris realidad comunista no constituían una oposición auto consciente frente a la sociedad. Habían huido de ella, pero no eran sus enemigos. Aunque eso es lo que debería ser la contracultura. A cambio de un margen de libertad renunciaron a cualquier radicalismo. Eran una contracultura sin reflexión, que actuaba al nivel de la vida misma, signo de los cambios, del agotamiento de los cánones, del palidecimiento de los estandartes nacionales, de la liberalización de las costumbres, de nuevos modos de construir la identidad. Eran de Woodstock, y no del Mayo parisiense, a las marchas preferían los conciertos. Muchas veces se trataba aquí ante todo de estilo de vida. Porque la “oposicioneidad” era cierto estilo de vida. Sin embargo cada quien se emancipaba por cuenta propia, sin ponerse a pensar en el significado de ello para la sociedad entera. Los círculos de la contracultura se cubrían hasta cierto punto con los de la oposición antisistema, pero nadie escribió el libro “La oposición, la contracultura, un diálogo”. En realidad no había voluntad de dialogo.


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martes, 9 de febrero de 2010

Kinga Dunin - Zadyma, cz. 3

Estoy terminando la primaria, no soy tan niña como para no darme cuenta de que algo esta sucediendo.

Si, ya entonces lo sentia- la excitacion a causa del acontecimiento. Conoci la palabra “censura”. La Historia temblo, y yo por vez primera experimente su existencia

Importantes eran los judíos. Tan importantes, que diez años después se me podía encontrar en una discusión muy tormentosa con Janek Ajzner, en Murowaniec, en la Hala Gasienicowa. (Janek y Boska Blajfer lograron entregarle a Kurt Waldheim en el patio de la universidad una petición sobre las violaciones de derechos humanos en Polonia. Eso era algo!). Nos saltábamos a los ojos y al final de la discusión gritábamos de modo tal que todo el refugio se nos quedo mirando. Janek me acusó de un asqueroso, en su sentir, filosemitismo. Que yo me sienta atraída por su judaísmo, quitándole con eso humanidad y eso en realidad era una nueva forma de anti-semitisimo. Durante el estado de guerra emigro a Canadá. A la pregunta del funcionario de migraciones sobre su nacionalidad, contesto: Polish-jewish or jewish-polish, up to you. Le pusieron en los papeles jewish y quedo así.

Antes de Marzo* los judíos no existían. No existían de verdad. Eran de modo natural, como todo lo que habia alrededor. Vivían en la calle vecina, se llamaban Ambraham y comerciaban con zapatos de fieltro. Iban conmigo a la escuela, pero faltaban a clase los sábados. Una vez escuche a la madre de mi compañera de aula gritarle a Rafaelito que crucifico a Cristo. Me pareció absurdo, y a la vez evidente- como todo lo que hacían los adultos. Oía a mi abuela decir sobre alguien: “es un judíito”. E incluso conocía su ya famosa historia sobre los cadáveres judíos. Como es que luchaba con otros estudiantes polacos en Vilnus para que en las clases de anatomía los cadáveres judíos sean representados de acuerdo a la formula numerus clausus, y no protegidos de su lancete por las reglas de alguna religión inentendible. El Holocausto era, mientras tanto, parte de la martirología de la nación polaca- así enseñaban en la escuela. Sin embargo, antes de Marzo, el antisemitismo tampoco existía de verdad. No existía la nación. No existía el comunismo. Existía Polonia- algo sospechosa, criticada por motivos que no entendía cabalmente, pero evidente, al igual que todo.

Y fueron justamente los acontecimientos de Marzo los que me sacaron de todas esas evidencias. Los judíos se volvieron Otros muy definidos. Interesantes, atrayentes, pues con su Otredad desgarraron la fantasmal unidad de lo polaco. Ademas aparecieron como victimas de las purgas, como amigos de los que se despedían mis padres. Existieron, cuando de pronto, todavía antes de fin de año, desaparecieron de los pasadizos escolares.

Se volvieron sujetos políticos, haciéndome consciente de que los sujetos de la política son las naciones- y que eso no es para nada chevere. La señora Alina, madre de mi mas querida amiga, bella repatriada de Wolyn, dijo: “Que partan, siempre nos han traicionado. Y nosotros, a donde hemos de irnos?” Con dificultad interpretaba ese texto, en apariencia justo, pero que despertaba en mi un reflejo de rebeldía. Que pasa? Por que irse es una traición? Es que Polonia es para todos nosotros la misma cárcel, pero ellos están mejor porque pueden abandonarla? Deberían con humildad soportar la campaña antisemita para dar una muestra de lealtad hacia la nación polaca? Como es que los judíos, que parecían ser las victimas, para alguien pueden ser traidores que aprovechan la ocasión? Por que con tanta facilidad se convierten de victimas en culpables?

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*Las dudas que hubiese intentare aclararlas en los comentarios...
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lunes, 6 de abril de 2009

Kinga Dunin - Zadyma cz. 2

El primer -acaso- texto que escribí en la vida se refería a Marzo del 68*. Era el año 1978, décimo aniversario de aquellos acontecimientos, y alguna revista clandestina decidió hacer entre las juventudes del KOR* una encuesta sobre nuestra relación con este mes. No recuerdo ya que escribí allí. Estoy, no obstante, segura, de que era un texto generalmente justo. Algo sobre al democracia, la libertad, la valentía; que nosotros de ustedes, comandantes, y ustedes- la sal de la tierra. Que sin marzo no habría KOR ni esperanza para vencer al reptil del comunismo –algún día, en un futuro inimaginablemente lejano... Entonces tenia aun pocos recuerdos -esa edad- solo opiniones justas. Tampoco tenia valentía como para admitir en mi la envidia. En mi ciudad el ambiente de oposición democrática era débil- tres poetas, algunas personas relacionadas alguna vez con el Movimiento de los hermanos Czuma, y de paso algunas leyendas sobre soltar información durante el interrogatorio, un inspirado miembro del KOR, un puñado de estudiantes. Con seguridad no eramos comandantes* y con seguridad no así, como yo los imaginaba. Y, por supuesto, soñaba con un grupo fuerte, una gran acción, una huelga, una demostración –UN ACONTECIMIENTO!

Recibí Marzo en la forma de un petrificado y heroico mito, que servia a la lucha con la comuna-cada movimiento necesita sus héroes y sus leyendas. Pero esos héroes vivían aun-ocupaban los puestos más elevados en el orden picoteador de la oposición, formaban el grupo de referencia. Eran autoridades a su modo, en el que ya no lo eran para nosotros (para mi?) las personas de las generación mayor a ellos. (Tal vez con la excepción de sus maestros, por ejemplo Kolakowski*). A veces oía que luchaban por la “Polonia libre”, y a veces, que se trataba solamente de devolver a las tablas un espectáculo teatral y de recibir de nuevo en la universidad a dos estudiantes. Los compañeros de derecha susurraban: ellos solo querían reformar el socialismo. Y yo en el fondo del corazón sentía que se trataba del acontecimiento, del movimiento, de que al fin suceda algo que sea detonante de acontecimientos siguientes. Su elemento no era la filosofía ni la cuestión nacional. Lo era la política, practicada así, como se la podía practicar entonces. Encontrar un pretexto, mover a la gente- y que por fin pase algo, que algo se revuelva, y tal vez aparezcan condiciones para practicar política de verdad.

Así lo sentía en 1978 pero recién hoy encuentro palabras para expresarlo. Ahora puedo también- esa edad- regresar en la memoria al anho 1968.

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lunes, 30 de marzo de 2009

Kinga Dunin - Zadyma

La historia no tendría ningún sentido si no cambiara nuestra identidad. Nuestro conocimiento histórico, sociológico (nuestro, porque nunca lo sabemos todo- sabemos aquello, que queremos saber), nuestras opiniones políticas- todo eso nace también de reacciones, de inseguridades, sorpresas, exotismo, accidentes, descubrimientos realizados por cuenta propia, e iluminaciones banales. En el sitio de encuentro entre lo privado y lo político. Los libros enriquecen nuestra enciclopedia, agregan palabras a nuestro diccionario, pero nos cambian los eventos. Frente a ellos somos siempre ingenuos. Indefensos ante las emociones que los acompañan. Cambiamos en la práctica, obligados a la confrontación con algo distinto de aquello a lo que estábamos acostumbrados. En eso al fin consiste el acontecimiento. Algunos pueden solos crear los acontecimientos, otros son sus partícipes, mientras que otros se limitan a ser solo espectadores.

¿Cómo debo contarlo? ¿Qué exponer, y qué esconder? ¿Fingir ser sabia, o más bien ingenua? Nací demasiado tarde o demasiado temprano, en el lugar no adecuado, en el cuerpo incorrecto... Desde que tengo memoria, no quepo en mi propio mundo, pero me falta valentía, para cuestionarlo hasta el fondo.

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...continuará...
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