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miércoles, 20 de abril de 2011

Kinga Dunin, Zadyma - cz. 9 i ostatnia

Aunque entré al feminismo por la portezuela con el letrero „democracia liberal”, encontré aquí mucho mas de lo que esperaba. Ante todo, comprendí que ser mujer acarrea consecuencias mucho mas graves de lo que me parecía cuando tenia veinte años. Eso no significa que considere la diferencia de genero como la fundamental: al contrario, me hice mas sensible también a otras diferencias. Al fin y al cabo todo esto se dio al mismo tiempo que el cambio de sistema y la construcción del capitalismo. Se acabaron los tiempos en que se podía creer ingenuamente que el fin del comunismo traería un inmediato bienestar para todos. Pero fueron estos dos factores- la experiencia de la transformación y el feminismo- los que hicieron que el problema de las diferencias sociales, de la exclusión, de las desigualdades económicas volviese a revivir en mi cabeza. Se volvió tan real como el alguna vez básico conflicto entre las tendencias libertarias y el comunismo. Y en ese momento me separe (mentalmente) de mis compañeros de la oposición, de los que gran parte se hundió en los archivos y en exhibir su cualidad de antiguos luchadores. E incluso si no se hundieron, de todas formas se quedaron en tiempos en que aun no existía el termino „globalización”. Los antiguos comandantes*, que seguían aprovechando las acciones de Agora*, se petrificaron en un discurso que en algún momento tal vez fuera revolucionario, pero que hoy es conservador.

De modo semejante a las Manifas* feministas, las Paradas de la Igualdad Gay- por primera vez participe en este evento en el año 2003- son mas que un modo de reclamar la tolerancia y derechos en si. Son también un espectáculo. Véannos. Chóquense con el hecho de que existimos y de que somos distintos. Sin embargo, para mi esas ya no eran luchas. Voy a ellas como un ciudadano civilizado a una manifestación. Así, simplemente. Lo entendí, cuando después de la ultima Parada de Igualdad converse con mi ex hijastra. “Cuando iba entre la multitud, me di cuenta de cuantos somos- contaba ella- sentí que algo nos unía, y eso me conmovió tanto que me puse a llorar”. La escuchaba con envidia, pues recordaba esa sensación- incluso de las misas por la patria*- pero deje ya de experimentarla. Envejecí. Tampoco necesitaba de los eventos y luchas de lesbianas y gays para entender y hacerme consciente de algo. Eso sucedió antes.

Cuando iba al colegio, en los libritos concienciadores, la homosexualidad aparecía en la sección “desviaciones”. Pero eso no me llamaba la atención. Otras desviaciones sexuales eran decididamente mas excitantes. Que mas puedo decir? Hasta ahora no puedo explicarme mi propia falta de reflexión. La homosexualidad existía y al mismo tiempo no existía. Mientras crecía, me sucedía esto y aquello con amigas. Uno de mis primeros enamorados me confeso que, antes de mi, estuvo enamorado de un compañero del salón. Otro pata contaba a su vez como al no poder arreglárselas con ciertas cosas, fue al sexólogo. Este lo miro hondo a los ojos y lo invito a pasar un fin de semana en Mazury. Conocía a hombres muy solitarios, sobre los que sabia que eran homosexuales, así como hombres casados, sobre cuya preferencia por los muchachos se chismeaba abiertamente. Ello no tenia para mi ningún sabor a escándalo- nosotros, los hijos de Woodstock y del KOR, eramos bastante liberales, pero de un modo totalmente irreflexivo. Y tal vez por ello todas esas experiencias e informaciones aparecían por un momento y de inmediato desaparecían. No conducían a ningún cambio en el pensar. No provocaban ninguna pregunta. Los libritos sobre desviaciones lo suyo, y la vida lo suyo. Todo eso sucedía por allí escondido, bajo la piel de la llamada normalidad. Recién hoy se que la emancipación consiste justamente en mostrar lo no mostrado, pero yo crecí en tiempos pre-emancipatorios. Y me desperté recién a fines de los ochenta como una señora de mediana edad.

Conocí a Julio. Julio era un indígena quechua del Perú. Llego a Polonia hace mas de diez años, a estudiar en un país socialista como premio por el comunismo del padre. Aquí se hizo parte de la oposición, de aquella que era mas de derecha. El 13 de diciembre* estaba en el astillero*. Arrestado junto a los demás, fue deportado y se instalo en París. Cuando, aun antes del 89, se dio cierta liberalización, se le permitió venir aquí de nuevo. Y entonces lo conocí, quizás en el departamento de una de las ministras del gobierno actual. Julio era distinto, pero no era un delicado señor con fularel. Era maravilloso, colorido, y no tenia absolutamente ningún problema con ser homosexual abiertamente. Fue el primer gay al que conocí. Y- lamentablemente- tenia el VIH. Hoy esta muerto. Nos gustaba discutir sobre quien es mejor escritor: Parnicki o Vargas Llosa. Yo, por supuesto, estaba del lado de Vargas Llosa. Hablamos poco sobre su orientación, mas sobre el racismo dominante en Francia. Y mucho sobre el sida. Mi hijo era aun pequeño, y el gato podía rascar hasta hacer sangrar. Había momentos en que tuve miedo, ademas de que realmente sabíamos muy poco sobre el VIH. Pero Julio era muy responsable, y yo pronto me iguale en las lecciones atrasadas. Me di cuenta que vivo en un país sin gays, y lo considere una perdida importante. (Aunque era justamente el momento del nacimiento del movimiento gay en Polonia, sin embargo públicamente aun había silencio al respecto). Y recién entonces apareció en mi cabeza el convencimiento claro y distinto de que la homosexualidad no es un problema moral. No es algo bueno o malo, simplemente es. Y- de modo semejante a la feminidad- tiene consecuencias mucho mas hondas, no se reduce solamente a con quien se duerme. Por eso también fui hincha del movimiento homosexual desde que apareció en la superficie de la vida publica. Y ya no necesitaba para ello participar en ninguna manifestación.

Sin embargo, aun considero que las manifestaciones, luchas y marchas son indispensables. Una marcha siempre es riesgosa para los que toman parte de ella. Es riesgo de ridiculización, de marginalización, de ser considerado un loco. No siempre puede uno esconderse en una multitud de miles. Durante al menos un momento hay que supeditarse a lemas sencillos, a veces demasiado sencillos. Pero es una escuela no solo de lucha, sino también de pensamiento. Y de sentir. Y la única ocasión, para, por al menos un momento encontrarse afuera del sistema y verlo desde allí.

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la parte anterior
¡Es todo! ¡Aquí acaba! Con bendición lejana de la autora- aquí esta.

viernes, 25 de febrero de 2011

Kinga Dunin, Zadyma - cz. 8

Y después llegó el tiempo de otras manifestaciones. Para mi, primero, las feministas. Cuando escuche hablar del feminismo por primera vez ? Puede que justo cuando terminaban los años setenta. O tal vez ya durante el estado de guerra*? En todo caso recuerdo que estaba yo sentada junto a una mesa de cocina con dos alemanas, vestidas con un estilo que podría llamarse “nunca cesare en la contestación”. Luego alguien me dijo que una de ellas estuvo relacionada con el Grupo Baader-Meinhof, pero tal vez sea solo una leyenda. En todo caso las alemanas no cesaban en la contestación. Habían venido a Polonia en una especie de safari- se trataba de visitar la oposición local. Allá, se quejaban, la gente se aburrió de la rebeldía, la generación del ’68 se cubrió de grasa, mientras aquí, en el lejano Este, se podía encontrar disidentes, es decir una especifica forma de contestación de Europa del Este. Nuestras narraciones sobre la falta de democracia, el totalitarismo y el vinagre en las tiendas provocaban en ellas solo escepticismo. Hablaban todo el rato sobre un capitalismo que aniquilaba la voluntad y... Si pues, creo que entonces vi por primera vez a una feminista. Aunque entonces no consideraba la historia sobre la discriminación de las mujeres como una expresión sensata, esta historia no remitía a ninguna realidad, y yo no notaba relación alguna entre esa historia y mi vida. La democracia formal nos parecía entonces garantía suficiente de todas las libertades deseadas. Y cuando por fin llego, nadie tuvo cabeza para hacerse cargo de las cuestiones de las mujeres. El feminismo no existía en la conciencia social. No aparecía en el discurso publico, no era objeto de reflexiones, ni siquiera de burlas. No había libros feministas ni temática de genero en las universidades. En verdad nadie sabia que hay algo así como sexo y género. Si acaso existía algún grupúsculo feminista, se encontraba en un margen absoluto. A las mujeres que querían ocuparse de las cuestiones de igualdad de derechos, en la renovada Solidaridad, rápidamente se las puso en su sitio.

En 1989 los sueños chocaron con la realidad, que resulto, en muchos aspectos, mejor que aquello que hubo, pero que también despertaba nuevos problemas y preguntas. Para mi el momento clave fue el cambio de la ley que posibilitaba el aborto. Recuerdo mi reacción, cuando escuche hablar de ello por primera vez. “Excelente- dije- así que tendremos feminismo en Polonia”. Hablando de feminismo, no tenia entonces en mente nada concreto, en el fondo me pasaban por la cabeza una multitud de movimientos intelectuales, opiniones, movimientos sociales, que esperaba aparezcan después de recuperar la libertad. Polonia dividida entre Solidaridad y la comuna me parecía ya aburrida. Sin embargo, era chocante para mi que, a causa de la nueva ley, íbamos a- en un país que justo había recuperado la libertad- perder una libertad que para las mujeres de mi generación resultaba evidente. La participación en las manifestaciones pro-choice me permitió experimentar en la propia piel lo que es en la practica la pluralidad. Otro modo de polarización. No pertenecía ya al justo y oprimido „nosotros”, me tocaba el papel del Otro- feminista, loca, asesina de niños concebidos, enemiga de la nación polaca. Me enteré que soy lesbiana y judía. La sociedad estaba dividida, y la nación re naciente se deshacía de distintos cuerpos extraños. Salio a la luz cuanta conciencia les falta a los polacos de que el estado es propiedad de personas con distintas cosmovisiones e identidades.

Cada año, al volver de la Manifa*, enciendo el televisor para ver las mas o menos mentirosas relaciones de esta manifestación feminista. Veo como se transforma los lemas, se aplica el método de oponer a sus participantes a las mujeres „normales”, se pone un signo de igualdad entre el radicalismo de la manifa y el radicalismo de otros grupos, por ejemplo los de extrema derecha. Una cosa es segura: incluso los autores de los mas amables y objetivos reportes evitan intentar de interpretar este evento en categorías anti sistema. Se da cuenta de postulados sencillos: acceso al aborto, discriminación en el mercado laboral... El comunicado contra cultural de la Manifa: nos ahogamos en la cultura patriarcal, queremos un mundo totalmente distinto- no puede ser leído en el lenguaje del discurso dominante.

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...continuará...
*Las dudas que hubiese intentare aclararlas en los comentarios...

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Kinga Dunin, Zadyma - cz. 7

Pero al fin me moví. Cuando en televisión mencionaron la muerte del padre Popieluszko*, sin pensar muy bien por que, fui con Sergio a Zoliborz*. Allí nos topamos ahí con una multitud. Nadie los había llamado ni los había organizado. Aquello era de verdad increíble- de modo totalmente independiente, a un montón de gente se le ocurrió la misma cosa. Y no se trataba de la necesidad de comprar azúcar antes del alza de precios*.

Observaba la ola de huelgas de fines de los ochenta con conmocion. No recuerdo como lo consegui, aunque se muy bien, para que- durante las reuniones de la Mesa Redonda* fui observadora en la submesa de medicina. No era nadie, no tenia manera de participar realmente, pero tenia muchas ganas de estar adentro. De sentir la atmósfera. Tenia un pase permanente, daba vueltas entre los telones, a veces miraba por la ventana. Un día vi- desde arriba, desde la ventana del palacio- una demostración más bien pequeña de la AIE*. Es importante recordar que desde arriba, desde los sitios donde se instalo el poder, verdadero o solo ritual, las marchas se ven de un modo distinto. O son pequeñas, y entonces sus lemas no se oyen tras las ventanas cerradas, o son tan grandes y peligrosas, que la única preocupación es terminar con ellas. El poder puede ceder ante el movimiento, pero no aprende nada de el- eso creo. En todo caso, entones entendí varias cosas. Ante todo, que no estoy en mi lugar, que debería estar en la calle. Aunque puede que soñara mas con la Magdalenka*. De todas formas, esos bailes rituales alrededor de la Mesa Redonda me resultaron de pronto una representación aburrida. Es muy probable que los acuerdos de la Mesa Redonda no habrían podido darse sin Magdalenka, es posible también, que sin Magdalenka no habrían sido tan malos... Empezamos con que las élites, que solo con la mejor voluntad podían pasar por representantes de la sociedad o al menos de su parte anticomunista, de todas formas resultaron ser una representación demasiado democrática. Alguien mejor y mas importante debió resolver las cosas en serio. El espectáculo que fue la Mesa Redonda se puede, entonces, valorar, solo desde el punto de vista de la estética y del poder simbólico. Y algo hizo falta en ese espectáculo.

¿Por qué durante todo ese tiempo en Krakowskie Przedmiescie* no hubo masas, multitudes? Sucedáneo de democracia directa. Dar cuenta de las decisiones tomadas. Soberanía. Presión. ¿Por qué nadie lanzó el aviso? ¿Por qué a la gente se le mandó el comunicado: “Nosotros arreglaremos todo, y ustedes quédense callados”? Estoy convencida, de que si se hubiera llamado a la manifestación, esta se hubiera dado. Pero una sociedad anticomunista hasta el fondo de los huesos, en un estado de hervor revolucionario, hubiera venido incluso sin ser llamada. Sin embargo, no vino. Y, así, la caída del comunismo la vivimos per procura, la recibimos de manos de otros.

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...continuará...
*Las dudas que hubiese intentare aclararlas en los comentarios...

lunes, 5 de julio de 2010

Kinga Dunin, Zadyma - cz. 6

Si, en cambio Solidaridad si fue una revuelta de veras. No viaje al astillero* por casualidad. Inesperadamente me comenzó el periodo- obviemos los detalles fisiológicos y de mercado, como la imposibilidad de conseguir en toda Varsovia aunque sea un empaque de gasa. Hasta hoy me pregunto como hubiera sido mi vida si hubiese viajado. Qué estaría haciendo hoy? Donde estaría? Me habría vuelto feminista? Tendría tal vez acciones de Agora?

Mirek de todas formas consideraba que no hay que meterse a ninguna parte. „Limpiamos un poco las rieles, ahora que parta por ellas el tren de la historia” –decía. Que esta sociedad haga lo que quiera, que se organice, que llegue sola al sentido común. Hoy Mirek es un jubilado que vive a las afueras de todo. A varios como el, o parecidos, encontré en los veinticinco años de “Nueva”. Los encargados de imprenta, del transporte, dueños de locales- un montón de gente sin el que la oposición no podría haber existido. Aunque tampoco fueron tantos, dicen que en los archivos de Seguridad teníamos nuestras carpetas, en esos tiempos: tres mil. Gracias a ese suelo existían los políticos de oposición. Hoy se puede encontrar entre ellos a varios desocupados y diversos desviados, a los que se podría condecorar, dar jubilaciones especiales. Pero no eso – o no solo eso – quieren. Quisieran ser otra vez aunque sea un poco importantes, como cuando andaban envueltos en la gloria de los muchachos del mimeógrafo. Quisieran aunque sea por un momento sentirse parte de esa comunidad anterior. En las celebraciones no apareció nadie realmente importante. Michnik, el mas esperado, contesto con un fax enviado por su secretaria: el redactor esta ocupado, para los gastos del banquete envía 500 zlotys...

Durante Solidaridad me enamore de la política. Con alivio acepte la noticia de que se puede ya no dar testimonio, no existir por existir, dejar de repetir que la verdad es el arma de los débiles. En escena entraron la fuerza y el poder, ademas de los verdaderos sujetos colectivos. La sociedad revivió. Se daba un juego real entre los poderosos y Solidaridad. Se daban diversos juegos por el poder dentro de Solidaridad. Por un lado el romanticismo incesantemente animado, del otro- la táctica y la estrategia. Por fin el asunto se volvía realmente interesante, pero tenia un pequeño problema: no había allí sitio para mi. De participante de un simpático y en realidad contra cultural juego pasé de pronto a espectador. Aunque eso no era tan malo. Desde la distancia se ve mejor. Me daba asco Walesa. Me daba asco el mercadillo eclesial-nacional. Me preguntaba si podría haber sido de otro modo. Pero cuando Jan Józef Lipski* se desmayo, pues la Asamblea de Solidaridad no quería aprobar los agradecimientos al KOR, entendí que no. Me hice consciente de que, si Solidaridad vence, de nuevo seré parte de la oposición, volveré a ser parte de la minoría. A pesar de eso fui su hincha de todo corazón- a la comuna tenia que destrozarla una lucha potente, y ya se vería lo que iba a ser después. Al menos cambiaría algo.

El 11 de noviembre, un mes antes del 13 de diciembre*, caía nieve con lluvia, soplaba un viento frío, que se calaba hasta los huesos. „A donde vas?”- me pregunto mi marido de entonces. A una demostración patriótica. A la ultima demostración legal en una Polonia libre. La ultima demostración legal en mi vida. Veteranos, scouts, antorchas, marchas- tambores, cantos patrióticos- fue de verdad hermoso. Pero la señorita S. se preparaba para darse media vuelta. Perra, pensé, me harás falta. Es difícil vivir sin movimiento...

Después, cuando pegaban, ya no iba a las marchas. A veces a las misas por la patria. Al fin y al cabo soy un teórico puro, no una marchante cualquiera. Pero todas esas acciones me alegraban, así que nunca preguntaba por su sentido. Sin embargo siempre he recordado como, durante el estado de guerra*, después de apenas algunos días y de la intervención del general Kiszczak, como una de las primeras (madres- únicas sustentadoras del hogar) fui liberada del arresto. Estaba parada en la esquina de Grójecka y Niemcewicza. Por Grójecka pasaban los tanques, y la gente los miraba como si fueran tranvías. Iban apurados hacia alguna parte, hablaban de que a una tienda cercana acababan de llegar zapatos. Ahí, de donde yo había salido, se cantaba canciones religiosas y se creía que todos estaban con nosotros. No tenia llaves ni dinero, toque la puerta de los vecinos. No sabia muy bien que decir, pero no tuve que pensarlo mucho, porque de inmediato me cerraron la puerta en las narices.

Los marchantes, los de las revueltas (incluso los teoricos), aunque siempre estan solos, tambien viven siempre con la ilusion de que tras ellos hay millones. Porque la marcha es una experiencia de comunidad. Funciona como una droga.

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...continuara...

*Las dudas que hubiese intentare aclararlas en los comentarios...

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