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lunes, 30 de mayo de 2022

Un poema de Adam Zagajewski


Canción del emigrado
ADAM ZAGAJEWSKI

En ciudades ajenas venimos al mundo
y las llamamos patria, mas breve es
el tiempo concedido para admirar sus muros y sus torres.
Caminamos de este a oeste, ante nosotros rueda
el gran aro del sol
ardiente, a través del cual, como en el circo,
salta ágilmente un león domado. En ciudades extrañas
contemplamos las obras de viejos maestros
y, sin asombro, en añejos cuadros vemos
nuestros propios rostros. Habíamos existido
antes, e incluso conocíamos el sufrimiento,
nos faltaban tan sólo las palabras. En la iglesia
ortodoxa de París los últimos rusos blancos,
encanecidos, rezan a Dios, varios lustros
más joven que ellos y, como ellos,
impotente. En ciudades ajenas
permaneceremos, como los árboles, como las piedras.


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Texto encontrado aquí.
Traducción de Elzbieta Bortkiewicz

sábado, 4 de noviembre de 2017

Lenguajes XXIV

A mí mismo en mis memorias
ADAM ZAGAJEWSKI




























Fluye, fluye, nube gris,
se abre la flor de la peonía,
nada te une ya a esta tierra,
nada te une ya a este cielo.

Delira en la canícula el jardín,
un gato da bostezos en el porche.
Caminas por la calle de los tilos
en flor, de qué ciudad, lo ignoras,

en qué país, no lo recuerdas.
Brillan livianos los estorninos,
la noche se aproxima suavemente,
juegan al escondite los capullos de las rosas.

Eres tan sólo un sueño, una imagen,
sólo un anhelo eres.
Cuando te vayas, como las nubes,
se teñirá de bronce tu recuerdo.

Y rondarás los ríos
y las sombras de los árboles,
pero naufragarás en la tierra, en la tierra, en la tierra.

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Versión de Elzbieta Bortkiewicz

Texto tomado de aquí.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Lenguajes VII

Iba por una ciudad medieval
ADAM ZAGAJEWSKI

Iba por una ciudad medieval
por la tarde o al alba,
era muy joven o bastante viejo.
No llevaba ningún reloj
ni calendario, solo la terca sangre
que medía una eterna lejanía.
Podía volver a empezar
esta propia o impropia vida,
todo parecía sencillo,
las ventanas no cerraban del todo,
los destinos ajenos, entreabiertos.
En primavera o al comienzo del verano,
muros calientes,
un viento suave como la piel de una naranja,
era muy joven o bastante viejo,
podía escoger, podía vivir.

traducción de Xavier Farré
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Tomado de Adam Zagajewski, Tierra del fuego, Ed. El acantilado, Barcelona 2004