jueves, 25 de abril de 2013

últimas lluvias

Panteísmo
GUSTAVO PÉREZ OCAMPO

Se marcharon las últimas lluvias...

El corazón como un pez ahogado en su propia luz, 
perdido en su propio laberinto, herido en su propia 
pena,
alza sus deseos locos, i no sabe si en el cielo 
o en el olvido están los últimos salmos errantes.

Se marcharon las últimas lluvias... 

Los ojos se llenan de una lejana melancolía, 
i las manos húmedas de las últimas rosas, 
i el pecho quebrantado como un cementerio 
donde está enterrada la soledad.

¡Ah, los vagabundos, los poetas i las alamedas infinitas: 

todo está poblado de ansiedad (terco rocío, 
padrenuestris i polvorientos poemas).

Irse las últimas lluvias, 

es como rezar una oración en un idioma que no se 
comprende. 
Como coger una fruta i quemarse las manos. 
Como salir a la noche i de pronto olvidarse el propio 
nombre. 
Como haber amado cien años i ver las cenizas de 
nuestras cartas 
cayendo de los tejados.

Así han podido irse las últimas lluvias; 

aguas gozosas, hechas de furias i suspiros, 
aguas frágiles, remotas, almas derretidas, azules. 
Aguas cándidas que jamás han deletreado los signos 
del sueño i sus fantasmas.

Es una sensación de mar quemado, esto de ver 

cómo se van las últimas lluvias... 
El hombre cimbrando sus recuerdos, 
alcanza la última gota de esta destrucción, 
i se sumerge entre estaciones húmedas, 
atestadas de gentes indiferentes. 
El hombre es un loco que persigue al tiempo: lo 
detiene 
i lo pierde, i como un niño se pone a llorar 
al borde de su asombro.

Es lo que ocurre cuando se van las últimas lluvias. 

El tiempo dispone sus caprichos. Amanece a la hora 
justa 
del amanecer. Enciende el rubor de los jardines, 
i se va antes del anochecer 
para coger el último tren de la eternidad.

Es una sensación de bosque iluminado esto de ver 

cómo se están yendo las últimas lluvias...

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Red. Mario Pantoja, Piedra sobre piedra: poesía cusqueña contemporánea,, Municipalidad del Cusco: Cusco 2000, p. 128

martes, 9 de abril de 2013

desde el teatro

A veces Dios existe tan súbitamente.
[...]

[...] y, desde entonces, ni siquiera por un momento, ha habido luz más intensa que esta vela.

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Un tranvia llamado deseo, Tenesse Williams
Texto encontrado de aquí.


sin

Sin Ti solo hay tinieblas.

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frase romántico-cristiana, captada en una gigantografía en un soleado pueblo costeño

miércoles, 27 de marzo de 2013

cancioncita



Romance de la infanticida
versión cantada por Joaquín Díaz

Más arribita de Burgos hay una pequeña aldea
donde vive un comerciante, que vende paños y sedas.
Tiene una mujer bonita, -valía más que fuera fea-
tiene un hijo de cinco años, la cosa más parlotera.
Todo lo que pasa en casa, a su padre se lo cuenta;
su padre, por más quererlo, en las rodillas le sienta.
- Ven aquí tú, hijo querido, ven aquí, mi dulce prenda,
quiero que todo me digas; en esta casa, ¿quién entra?
- Padre de mi corazón, el alférez de esta aldea
que llega todos los días y con mi madre conversa
con mi madre come y bebe, con mi madre pone mesa,
con mi madre va a la cama, como si usted mismo fuera.
A mí me dan un ochavo pa jugar a la rayuela,
y yo, como picarzuelo, me escondo tras de la puerta.
Mi madre estaba mirando, y me dijo que me fuera:
- Deja que venga tu padre, que te va a arrancar la lengua.
Mal le ha sentado al señor el que aquello se supiera,
después ha salido a un viaje de siete leguas y media.
Un día estando jugando con los niños de la escuela,
ha ido a buscarle su madre, a peinar su cabellera.
Ha cuarteado su cuerpo, le ha tirado en una artesa,
y el peinado que le ha hecho, fue cortarle la cabeza.
La coloca entre dos platos y el alférez se la entrega:
- Señora, se les castiga, pero no de esa manera;
haberle dado cuatro azotes y haberle echado a la escuela.
Tras de tiempos llegan tiempos y el marido ya regresa.
Ella ha salido a buscarle, y le ha encontrado en la puerta.
- Entra, maridito, entra, que te tengo una gran cena,
los sesitos de un cabrito, las agallas y la lengua.
- ¿Qué me importa a mí de eso? ¿Qué me importa de la cena?
Te pregunto por mi hijo que no ha salido a la puerta.
- Entra, maridito, entra, por tu hijo nada temas,
que le dí pan esta tarde y se fué pa ca su abuela;
como cosa de chiquillos, está jugando con ella.
Se pusieron a cenar, y oye una voz que le suena.
- Padre de mi corazón, no coma usted de esa cena,
que salió de sus entrañas y no es justo que a ellas vuelva.
Se ha levantado el señor, la busca de su hijo empieza,
le ha encontrado cuarteado, partidito en una artesa.
La ha agarrado de los pelos, barre la casa con ella,
y después de golpearla, a la autoridad la entrega.
Unos dicen que matarla; otros, lo mismo con ella,
otros dicen que arrastrarla, de la cola de una yegua.


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Texto encontrado aquí.

jueves, 28 de febrero de 2013

Treehouse

Mi casa del árbol
KENNY KNIGHT

Quería irme a casa.
Lloraba sin yo mismo conocer el porqué.
Estaba perdido y la gran ciudad era famosa,
demasiado famosa como para saber de mí.

Estaba muy asustado entre tantas piernas.
Caminar sobre la acera era como
atravesar un bosque espeso,
el bosque era inmenso y yo pequeño,
y demasiado lento como para esquivar
los troncos con ramas-falda y ramas-pantalón.

Los árboles no tenían raíces, solo zapatos,
la mayoría sin barro alguno.
Había incluso estorninos y otras aves
golpeando sus picos contra el suelo.
Yo me habría detenido a escuchar sus canciones.

Es fácil olvidar que, reunida,
la gente se convierte en bosque.
Es fácil olvidar una vez que creces
y te conviertes en árbol tu mismo, 
olvidar que no eres más que una parte
del paisaje cambiante, entre bosque 
extenso y su elemento.

A veces imagino aquellos árboles:
los rayados y los de otras variedades,
bailando juntos al ritmo de música oída en la radio,
bailando como árboles de verdad bailan al ritmo calmo
del golpe del trueno y la canción del tornado.

Estaba feliz con el tiempo incluso cuando llovía.

Quería explorar el mundo pero estaba restringido
a sus márgenes. Era demasiado joven 
como para ser digno de confianza
como lo es un atlas. Siempre pierdo los guantes.

Quería enamorarme y magullarme los tobillos.
Los ranúnculos y los dientes de león me odiaban.

Pasé la mitad de mi infancia riendo con la televisión
y la otra mitad con la boca 
abierta 
atisbando por la ventana
desde claustrofóbicas aulas de ladrillo frío.

Me aterraba lo desconocido.
Poco a poco fui creciendo.

Tomé gusto por los cigarrillos y abandoné los juguetes.

Ya no uso pantalón corto,
aunque mis piernas son bonitas.

Nací en el quincuagésimo primer otoño del siglo.
Ahora vivo en mi propia casa del árbol.

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Kenny Knight, The Honicknowle Book of the Dead, Shearsman Books: Exeter 2009, p. 57-58

martes, 1 de enero de 2013

canción de amor z



Me quedo contigo 
MANU CHAO
Versión original: Los Chunguitos

Si me das a elegir
Entre tú y mis ideas aunque yo sin ellas
Soy un hombre perdido
Si me das a elegir
Entre tú y la gloria
Pa' que lleve la historia de mi
Por los siglos
Si me das a elegir
Entre tú y ese cielo
Donde libre es el vuelo
Pa' llegar al olvido
Si me das a elegir
Me quedo contigo

Si me das a elegir
entre tú y la pereza
con esa grandeza que lleva consigo
Si me das a elegir
Me quedo contigo

Porque me he enamorado
Y te quiero y te quiero
Solo deseo
Estar a tu lado
Soñar con tus ojos
Besarte los labios

sábado, 1 de diciembre de 2012

Oración

Danos labios como nubes celestes,
que son puras bajo el trueno cayente.

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Versos de Modlitwa do Bogarodzicy de Krzysztof Kamil Baczyński (encontrado aquí), en la traducción de Isabel Sabogal Dunin-Borkowski (encontrada aquí).

martes, 20 de noviembre de 2012

nada nada de esto



Nada de esto fue un error
COTI

Tengo una mala noticia
no fue de casualidad
yo quería que nos pasara... y tú, y tú
lo dejaste pasar

No quiero que me perdones
y no me pidas perdón
no me niegues que me buscaste
nada nada de esto
nada de esto fue un error
nada fue un error
nada de esto fue un error

Los errores no se eligen
para bien o para mal
no fallé cuando viniste... y tú, y tú
no quisiste fallar

Aprendí la diferencia entre y juego y el azar
quién te mira y quién se entrega
nada nada de esto
nada de esto fue un error
nada fue un error
nada de esto fue un error

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Desperté hoy con esta canción en la cabeza. Va.
Texto encontrado aquí

sábado, 10 de noviembre de 2012

noviembre

En Szetejnie
CZESŁAW MIŁOSZ

III

Salí corriendo en un amanecer de verano entre el canto de las aves, y heme aquí de vuelta, y entre un momento y otro escribí mi obra.

Aunque se hacía tan difícil continuar la base de la n para hacerla tocar la u, o atreverse a juntar la r y la z.

Tomaba el frágil portaplumas y hundía la pluma en la tinta, amanuense errante con un tintero atado a la cintura.

Ahora considero que la obra es en lugar de la felicidad, y que se ve contaminada con piedad y horror.

Sin embargo el espíritu de este lugar debía estar en ella, como lo está en ti, a quien condujo desde la infancia.

Festones de hojas de roble, campanilla de iglesia entre las ramas del tilo llamando al oficio de mayo - quería ser bueno y no caminar entre pecadores.

Pero cuando intento recordar lo que fue, se me presenta como pozo, tan oscuro que es imposible distinguir o entender nada.

Lo único sabido es que hay pecado y hay castigo, mas allá de y sin importar lo que digan los filósofos.

Ojalá mi obra traiga provecho a las gentes y pese más que el mal hecho.

Tú sola, sabia y justa, serías capaz de calmarme, haciéndome entender que hice cuanto era posible.

Que se cierra la puerta del Jardín Negro, paz, paz, y lo que está acabado, acabado está.


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Traducción de Alhelí Málaga
Leído en: Czesław Miłosz, Facing the River,  Carcanet Press
Texto original encontrado aquí.

martes, 23 de octubre de 2012

La lista de Alex (incompleta)

La voz de Sinatra entre 1948 y 1956
El pie derecho de Donald O’Connor
El antiguo camino al colegio en una mañana de marzo
La letra א
Estar dentro de ella, sus piernas alrededor de mis caderas
Gente resbalando y cayendo
Chistes
Gatos con sobrepeso
Las peliculas de Kitty Alexander
Relaciones que no tienen que ver con sangre ni con ningun otro fluido
Tabaco
Decir a los niños que la vida es solo sufrir
Alcohol
Dios
El olor de la canela
Esther


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Zadie Smith, The Autograph Man, Penguin Books: London 2002, p. 324-325

viernes, 19 de octubre de 2012

la belleza aaaa la belleza

La belleza A es una belleza limpia, rosa, decente. Su hora del día es la mañana, su sabor el dulce, que gusta a los recién nacidos. La primera belleza que se puede reconocer, apta para menores, franca. Puede empalagar, pero nunca miente; ya avisaba desde el principio de su dulzor aburrido. Es la belleza de los cachorros, las flores abiertas, los campos a la luz del mediodía, el olor de la colonia, la bailarina dando vueltas en su cajita de música.
(...)
La belleza E es la belleza que sólo algunos ojos pueden detectar. Pasada de moda o futurista. Demasiado cotidiana o demasiado exótica para ser reconocida en un primer golpe de vista. Es una belleza que se infiltra en la voluntad secretamente.
(...)
La belleza I es la belleza de lo llamativo. Pavos reales, monos albinos, tartas de boda y adornos tribales. Su sabor es el picante. Es una belleza difícil de ignorar por los sentidos, pero el corazón previene contra ella.
(...)
La belleza O es la que guarda un misterio. Hay que mirarla con unos ojos que están en las tripas. Hay que hacer un pacto con los sentidos. Es la belleza de la contradicción. El murciélago, animal del aire y de lo subterráneo, ciego, como Plutón. La serpiente, unas veces el mal, otras, la sabiduría; símbolo de la medicina y la curación.
(...)
La belleza U es la que por hábito o piedad se encuentra en lo mediocre o en lo sencillamente feo. Todo objeto compite por el amor de los ojos del mundo, y cada uno tiene su recurso. Los objetos con belleza A, su luz, los objetos con belleza E, su sombra. Los I, su estrépito. Los O, su resistencia. Hay otros objetos que no luchan, sino que piden auxilio. Los perros salchicha, con sus grandes ojos. Los niños pobres, con sus grandes ojos, el tío feo a quien no quiere nadie, con sus grandes ojos. Las causas perdidas.

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Tomado de: Rebeca Tabales, Eres bella y brutal
Texto encontrado aquí.