viernes, 4 de abril de 2014

Abril


Hay tantos muertos
[PABLO NERUDA - "No hay olvido" (Sonata)]

Hay tantos muertos
Y tantos malecones
Que el sol rojo partía

Hay tantos muertos
Y tantas cabezas
Que golpean los buques

Hay tantos muertos
Y tantas manos
Que han encerrado besos

Hay tantos muertos
Y tantas cosas
Que quiero olvidar

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Texto tomado de aquí.

domingo, 30 de marzo de 2014

En las palmas de mi mano


Isaías 49, 14-16

14. Pero dice Sión: «Yahveh me ha abandonado, el Señor me ha olvidado.»

15.- ¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido.

16.Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuada, tus muros están ante mí perpetuamente.
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Texto tomado de aquí.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Los amores inútiles

Los amores inútiles
WASHINGTON DELGADO

El tiempo se ha llenado de papeles y navego
a través de inútiles palabras, siempre
a la deriva, sin más puerto
que el aire prontamente
perdido y olvidado.

Mi antigua habitación 
yace en cenizas: ninguna melodía 
puede levantarla. Mari, te pregunté, 
¿ves cómo el viento crece 
sobre tu frente? Después 
te dije: Rosa, Yolanda, Elsa 
y tu frente cambiaba según las estaciones, 
al compás de las horas y el viento huía 
hacia un norte cambiante y por fin
sólo quedó el tiempo muerto.

¿Para qué me servirá 
la boca? ¿Para qué 
me sirvió nunca? Todos los alimentos 
se perdieron, ninguna canción 
ha perdurado. Ostras, 
cangrejos, gansos, 
liebres, corderos inútilmente 
muertos, condimentados y comidos 
Elsa, Yolanda, 
Rosa, Mari: orejas 
encendidas por el amor 
inútilmente, húmedas bocas 
que implacables otoños 
aridecieron para siempre.

Mi habitación está repleta 
de inútiles papeles y atraviesa 
desarboladas sombras que la mañana 
bebe y digiere la tarde 
y la noche endulza 
con un embriagado amor de tiempos muertos. 
Nunca tocaré tierra y me complazco 
en esta canción de náufrago 
desesperado y a la vista de tantos 
inútiles amores.  

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En: Washington Delgado, Un mundo dividido (Poesía 1951-1970), Casa de la Cultura del Perú, Lima 1970, p. 229

jueves, 20 de febrero de 2014

Kitten romance II


Del jardín abandonado
Wayno ayacuchano

Del jardín abandonado
de mis primeros amores 
para ti traigo las flores,
para mí son las espinas,
tú gozarás, yo sufriré,
tú reíras, yo lloraré.

El amor es una planta
que crece con el trabajo
para después marchitarse 
en la sombra del olvido,
tú gozarás, yo sufriré, 
tú reirás, yo lloraré.

Así es la ley del destino
que a toda ilusión trunca,
adiós te digo y te dejo,
para mí ya no hay consuelo,
tú gozarás, yo sufriré,
tú reirás, yo lloraré.

A los rayos de la luna
hay un panel extendido-
marcadito con tu nombre,
iniciales de oro fino,
tú gozarás, yo sufriré,
tú reirás, yo lloraré.

martes, 7 de enero de 2014

Lenguajes XII




Amores perpetuos
VIRUS

Renuncio a un horizonte gris 

Futuros se avecinan en mi 
Tengo una chance más 

Sonidos estremecen la piel 

saturan con su intensidad 
programa digital. 

Si miro hacia arriba 

descarto fantasmas 
retengo formas de tí 
amores perpetuos 
esclavo fiel 
mi condena. 

Voces en delay 

simulan ondas que no veré 
pretenden cautivar. 

Sonidos estremecen la piel 

saturan con su intensidad 
programa digital. 

Si miro hacia arriba 

descarto fantasmas 

retengo formas de tí 

amores perpetuos 
esclavo fiel 
mi condena.

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Letra tomada de aquí.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Lenguajes XI

TOMÁS RUIZ CRUZADO
Para Alonso Camino y Vicente Montaña
grandes magos que hallé en los desiertos...

He contemplado los abismos como quien mira en
quietud
Los juguetes viejos que amamos
nada he amado tanto como aquellas quebradas que
miran la nada y el silencio
o el río que viaja amoroso al mar
He detenido mis ojos en los ríos en las cumbres de los
ríos
allá donde sólo se ve una pequeña luz de riacho agua o
sol
Me he detenido en la hierba y el cielo azul- tan azul que
duelen los ojos
y he logrado no verme más: sólo colinas y montañas
sólo montes y quebradas...
Años después lo he vuelto a ver todo pero en una risa
pequeña
en una mirada tierna y mágica
sintiendo unas manitas como ramas enredándome por
la espalda
Y otra vez me he quedado absorto mirando en silencio
aquel silencio
Entonces he empezado a amar el árbol y el hombre
la montaña y el hombre el río y el hombre
Y amar al árbol como a un hombre o al cielo como a un
hombre
o al hombre como una montaña como a un río
Y danzaba como loco danzaba en la noche y el río
por los campos los desiertos y los bosques
Y la gente me ha señalaado con el dedo y arrojado fuera
de sus reinos
que no me acerque a sus mujeres y a sus hijos
Y yo feliz corriendo amando a una muchacha
amando un niño amando un árbol amando un río
Y yo feliz porque no soy dueño de nada y la nada no es
dueña de mí
sólo estamos ahí como las hojas que se caen de los
árboles volando
sólo estamos ahí volando sólo estamos ahí

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Los buenos poetas I

Breve follaje
Canción I
JAVIER SOLOGUREN
 
No te aprendas la canción, 
no te la aprendas; 
que esté contigo y te busque 
cuando ella quiera.

Préstale oídos tan sólo 
que no lo sepa; 
no la mires demasiado, 
no deje señas.

Háblale de rato en rato 
con voz muy queda, 
como si ya sospecharas
 que no estuviera.

Nada le pidas ni tomes:
que vaya y venga 
como la luz , como el aire, 
sin una letra.

No te aprendas la canción, 
no te la aprendas; 
si quieres hacerla tuya 
tal vez la pierdas.

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Texto tomado de aquí.
Leído por primera vez en: Poesía peruana contemporánea, Carlos Bayona Mejía (ed.), Lima 2013, pp. 42-43

lunes, 28 de octubre de 2013

Poemas repetidos I

La prisión
MANUEL SCORZA

¡No puedes salir del jardín

donde mi amor te aprisiona!
Presa estás en mí.
Aunque rompas el vaso,
seguirá intacta
la columna perfecta del agua; 

aunque no quieras siempre lucirás
esa corona invisible
que lleva toda mujer a la que un poeta amó.

Y cuando ya no creas en estas mentiras,
cuando borrado el rostro de nuestra pena,
ni tú misma encuentres tus ojos bellísimos
en la máscara que te preparan los años,
a la hora en que regatees en los mercados,
los jóvenes venados vendrán a tu Recuerdo
a beber agua.

Porque puede una mujer
rehusar el rocío encendido del más grande amor,
pero no puede salir del jardín
donde el amor la encerró.

¿Me oyes?
No puedes huir.
Aunque cruces volando los años,
no puedes huir:


yo soy las alas con que huyes de mí.
 
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Texto tomado de aquí.

jueves, 17 de octubre de 2013

Lenguajes X

Fazer te lo he mirar
ROSELLA DI PAOLO

Esperemos que la noche comience
a sacarnos los ojos en lentos picotazos
y tendámonos, amado, sin temores
pues nada nos hará dejar esta dulce prueba
de ser ciegos, amado, para todo
lo que no sean las manos nuestras
y las bocas
porque las bocas nuestras y las manos
son harta luz.

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Texto tomado de aquí.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Dónde pongo lo hallado


Dónde pongo lo hallado
SILVIA RODRÍGUEZ

Dónde pongo lo hallado
en las calles, los libros, las noche,
los rostros en que te he buscado.

Dónde pongo lo hallado
en la tierra, en tu nombre, en la Biblia,
en el día que al fin te he encontrado.

Qué le digo a la muerte tantas veces llamada
a mi lado que al cabo se ha vuelto mi hermana.
Qué le digo a la gloria vacía de estar solo
haciéndome el triste, haciéndome el lobo.

Qué le digo a los perros que se iban conmigo
en noches pérdidas de estar sin amigos.
Qué le digo a la luna que creí compañera
de noches y noches sin ser verdadera.

Qué hago ahora contigo.
Las palomas que van a dormir a los parques
ya no hablan conmigo.

Qué hago ahora contigo.
Ahora que eres la luna, los perros,
las noches, todos los amigos.

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Texto tomado de aquí.

jueves, 12 de septiembre de 2013

luz

Ya hace de esto nuevamente una temporada, muchas cosas han ocurrido desde entonces y se han modificado; sólo puedo recordar algunas concretas de aquella noche, palabras sueltas cambiadas entre los dos, momentos y detalles eróticos de profunda ternura, fugaces claridades de estrellas al despertar del pesado sueño de la extenuación amorosa. Pero aquella noche fue cuando de nuevo por vez primera desde la época de mi derrota me miraba mi propia vida con ojos inexorablemente radiantes, y volví a reconocer a la casualidad como destino y a las ruinas de mi vida como fragmento celestial. Mi alma respiraba de nuevo, mis ojos veían otra vez, y durante algunos instantes volví a presentir ardientemente que no tenía más que juntar el mundo disperso de imágenes, elevar a imagen el complejo de mi personalísima vida de lobo estepario, para penetrar a mi vez en el mundo de las figuras y ser inmortal.

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Hermann Hesse, El lobo estepario, Alianza Editorial: Madrid 1998, p. 161