La voz de Sinatra entre 1948 y 1956 El pie derecho de Donald O’Connor El antiguo camino al colegio en una mañana de marzo La letra א Estar dentro de ella, sus piernas alrededor de mis caderas Gente resbalando y cayendo Chistes Gatos con sobrepeso Las peliculas de Kitty Alexander Relaciones que no tienen que ver con sangre ni con ningun otro fluido Tabaco Decir a los niños que la vida es solo sufrir Alcohol Dios El olor de la canela Esther ---------------------------------
Zadie Smith, The Autograph Man, Penguin Books: London 2002, p. 324-325
La belleza A es una belleza limpia, rosa, decente. Su hora del día es la mañana, su sabor el dulce, que gusta a los recién nacidos. La primera belleza que se puede reconocer, apta para menores, franca. Puede empalagar, pero nunca miente; ya avisaba desde el principio de su dulzor aburrido. Es la belleza de los cachorros, las flores abiertas, los campos a la luz del mediodía, el olor de la colonia, la bailarina dando vueltas en su cajita de música.
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La belleza E es la belleza que sólo algunos ojos pueden detectar. Pasada de moda o futurista. Demasiado cotidiana o demasiado exótica para ser reconocida en un primer golpe de vista. Es una belleza que se infiltra en la voluntad secretamente.
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La belleza I es la belleza de lo llamativo. Pavos reales, monos albinos, tartas de boda y adornos tribales. Su sabor es el picante. Es una belleza difícil de ignorar por los sentidos, pero el corazón previene contra ella.
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La belleza O es la que guarda un misterio. Hay que mirarla con unos ojos que están en las tripas. Hay que hacer un pacto con los sentidos. Es la belleza de la contradicción. El murciélago, animal del aire y de lo subterráneo, ciego, como Plutón. La serpiente, unas veces el mal, otras, la sabiduría; símbolo de la medicina y la curación.
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La belleza U es la que por hábito o piedad se encuentra en lo mediocre o en lo sencillamente feo. Todo objeto compite por el amor de los ojos del mundo, y cada uno tiene su recurso. Los objetos con belleza A, su luz, los objetos con belleza E, su sombra. Los I, su estrépito. Los O, su resistencia. Hay otros objetos que no luchan, sino que piden auxilio. Los perros salchicha, con sus grandes ojos. Los niños pobres, con sus grandes ojos, el tío feo a quien no quiere nadie, con sus grandes ojos. Las causas perdidas.
Fenómeno del mundo justo Es la tendencia prejuiciosa de algunas personas a percibir que el mundo es justo y por consiguiente las personas reciben lo que se merecen. Esta tendencia también se da en la ilusión de pensar que las personas recibirán con el tiempo lo que se merecen. [...] Una versión de esta falacia es la de que el tiempo pone a cada uno en su sitio. [...] La misma motivación (es decir, la protección de nuestra autoestima ante un mundo repleto de situaciones dominadas por el azar, ante las que estamos desprotegidos) subyace a la creencia generalizada en que las acciones y sus resultados comparten la misma valencia afectiva. Ésta es la "hipótesis del mundo justo": los actos buenos tienen consecuencias positivas, mientras que los actos malos tienen consecuencias negativas; las cosas buenas les suceden a las buenas personas, pero las cosas malas les suceden a las personas malvadas (Langer, 1975; en realidad, Piaget ya observó este tipo de razonamiento con anterioridad, pero lo vinculó a los estadios de desarrollo previos a la edad adulta, algo que como veremos no es cierto). Esta creencia en la justicia universal elimina el papel del azar, incluso en situaciones donde el azar es claramente el único o principal determinante, y por esto nos hace sentir más cómodos en el mundo.
Quiero SHAKIRA, LUIS FERNANDO OCHOA Que me gaste yo la vida Devorando cada pensamiento tuyo cada paso, que se borren tus lunares y aparezcan en reemplazo dibujados en tu cuerpo cada beso, cada abrazo. Y ahora que estás aquí yo de nuevo soy feliz pude entender que eras para mí. Déjame quererte tanto que te seques con mi llanto que se nuble cada cielo y que llueva hasta hacer charcos. Déjame besarte tanto hasta que quedes sin aliento y abrazarte con tal fuerza que te parta hasta los huesos Y ahora que estás aquí yo de nuevo soy feliz pude entender que eras para mí Quiero excederme, Perseguirte, pretenderte, Quiero amarte noche y día, Quiero gastarme la vida Quiero amarrarte a mis Sesenta de cintura Llevarte como un tatuaje Quiero perder la cordura
Quisiera hundirme en la tierra para
encontrarme contigo y cargarte a mis espaldas, huérfano
niño dormido.
Camino de la quebrada, perfumarán
las retamas, arrullarán las torcazas tu sueño
José María. Ya no estará la madrastra, ya
no temblarás de frío, ya las penas se
acabaron, todas te las has sufrido. Mamay doña
Caytanaman te espera a orillas del río, despertarás
en sus brazos abrigado en su cariño.
El taita Felipe
Maywa hará morir a la muerte y al pie de los
maizales, vivirás eternamente. Ya no estará
la madrastra, ya no temblarás de frío, ya las
penas se acabaron, todas te las has sufrido.
---------------------- Letra tomada de acá y de acá.
De pronto, levantó la cabeza. Me miró, con un brillo casi triunfal, y dijo, inesperadamente alegre: -Adri, me he cortado el pelo, pero a ti nadie te lo ha cortado en mucho tiempo... Me alegro, porque me gusta así, sobre todo despeinado como ahora, porque se nota, ya sabes, lo que eres y tú y yo sabemos... Los del bosque, los que pueden esconderse detrás de una hoja... ¡Y salvaje, salvaje! ¡Como yo!... Y te quiero. Estas dos últimas palabras las dijo, tras una pausa, con voz ronca y en tono más bajo. De una dulzura como yo jamás había oído. Fue la primera declaración de amor que recibí. Y creo que, por lo menos, la más sincera. Aún dicho y oído a través de prosaicas zanahorias, supe que un corazón puede detenerse sin abandonar la vida: todo lo contrario, inundándose de ella. En unos segundos la vida abría todas sus ventanas, saltaba sobre las terrazas y tejados, y volaba. Volaba como la bailarina y su hijo que, en cuanto llegara la primavera, me enseñaría a hacerlo. -------------------------------- Del libro que siempre quise escribir: Paraíso inhabitado de Ana María Matute, Ediciones Destino, Barcelona 2008, pp. 263-264
Con diez años de menos SILVIO RODRÍGUEZ Si fuera diez años más joven que feliz
y que descamisado el tono de decir
cada palabra desatando un temporal
y enloqueciendo la etiqueta ocasional.
Los años son, pues, mi mordaza, oh mujer
sé demasiado, me convierto en mi saber
quisiera haberte conocido años atrás
para sacar chispas del agua que me das
para empuñar la alevosía y el candor
y saber olvidar mejor.
Esta mujer propone que salte y me estrelle
contra un muro de piedras que alza en el cielo
y como combustible me llena de anhelo
de besos sin promesa y sentencia sin leyes
esta mujer propone un pacto que selle
la tierra con el viento, la luz con la sombra
invoca los misterios del tiempo y me nombra
esta mujer propone que salte y me estrelle.
Sólo para verle
sólo para amarle
sólo para serle
sólo y no olvidarle.
Con diez años de menos no habría esperado
por sus proposiciones y hubiera corrido
como una fiera al lecho en que nos conocimos
impúdico y sangriento, divino y alado
con diez años de menos habría blasfemado
con savia de su cuerpo quemaría los templos
para que los cobardes tomaran ejemplo
con diez años de menos hubiera matado.
Sólo para verle
sólo para amarle
sólo para serle
sólo y no olvidarle. ------------------------------------------------------ Texto encontrado aquí.
-¡Buenos días! -dijo el principito. -¡Buenos días! -respondió el guardavías. -¿Qué haces aquí? -le preguntó el principito. -Formo con los viajeros paquetes de mil y despacho los trenes que los llevan, ya a la derecha, ya a la izquierda. Y un tren rápido iluminado, rugiendo como el trueno, hizo temblar la caseta del guardavías. -Tienen mucha prisa -dijo el principito-. ¿Qué buscan? -Ni siquiera el conductor de la locomotora lo sabe -dijo el guardavías. Un segundo rápido iluminado rugió en sentido inverso. -¿Ya vuelve? -preguntó el principito. -No son los mismos -contestó el guardvías-. Es un cambio. -¿No se sentían contentos donde estaban? -Nunca se siente uno contento donde está -respondió el guardavías. Y rugió el trueno de un tercer rápido iluminado. -¿Van persiguiendo a los primeros viajeros? -preguntó el principito. -No persiguen absolutamente nada -le dijo el guardavías-; duermen o bostezan allí dentro. Unicamente los niños aplastan su nariz contra los vidrios. -Unicamente los niños saben lo que buscan -dijo el principito. Pierden el tiempo con una muñeca de trapo que viene a ser lo más importante para ellos y si se la quitan, lloran… -¡Qué suerte tienen! -dijo el guardavías.
--------------------------- El Principito, Antoine de Saint-Exupery Texto encontrado aquí.