sábado, 17 de diciembre de 2011

canción sacra II



[Rorate caeli desuper es un himno de adviento, construido con versículos del libro de Isaías (y un par de cositas más). Aquí presento una versión libre del sentido de este himno, basada en la traducción polaca (cuya fuente menciono al final), y en la versión castellana de Bruno Moreno (fuente al final). Mi conocimiento del latín es muy rudimentario, y cuando consulté la versión en este idioma, fue nada más que para seguir el ritmo (más o menos). No es esta, por tanto, una traducción literal, ni mucho menos teológica, es mas bien una perífrasis mía del sentido.]

Cielo, envíanos el rocío,
nubes, lluevan al Justo.


No estés lleno de ira, Señor,
No rememores más nuestros pecados.
He aquí la ciudad del Santo abandonada,
Sión arrasada, yerma,
Jerusalén quedó desolada,
Tu templo, la casa de tu gloria,
donde nuestros padres Te alababan.

Cielo, envíanos el rocío,
nubes, lluevan al Justo.

Pecamos, estamos manchados,
caímos como las hojas muertas
y nuestras maldades son como el viento que nos arrastra.
Escondiste tu rostro ante nosotros
y nos dejaste en manos de nuestras iniquidades.

Cielo, envíanos el rocío,
nubes, lluevan al Justo.


Señor, mira la aflicción de tu pueblo
y envía a aquel al que has de enviar,
al Cordero, Señor de la Tierra,
desde la roca del desierto hasta el monte de la hija de Sión,
para que Él mismo quite de nosotros el yugo de la esclavitud.

Cielo, envíanos el rocío,
nubes, lluevan al Justo.


Consuélense, consuélense, pueblo mío,
que pronto llegará tu salvación;
¿es que tu espíritu tiembla porque se renueva tu dolor?
Te salvaré, no temas más:
ya que yo soy el Señor, tu Dios,
soy el Santo de Israel, tu Redentor.

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Rorate caeli desuper et nubes pluant iustum.

Ne irascaris Domine,
ne ultra memineris iniquitatis;
ecce civitas Sancti facta est deserta,
Sion deserta facta est,
Jerusalem desolata est;
domus sanctificationis tuae et gloriae tuae,
ubi laudaverunt te patres nostri.

Rorate caeli desuper et nubes pluant iustum.

Peccavimus,
et facti sumus tamquam immundus nos,
et cecidimus quasi folium universi;
et iniquitates nostrae
quasi ventus abstulerunt nos;
abscondisti faciem tuam a nobis
et allisisti nos in manu iniquitatis nostrae.

Rorate caeli desuper et nubes pluant iustum.

Vide Domine afflictionem populi tui
et mitte quem missurus es;
emitte Agnum dominatorem terrae,
de petra deserti ad montem filiae Sion
ut auferat ipse iugum captivitatis nostrae.

Rorate caeli desuper et nubes pluant iustum.

Consolamini, consolamini, popule meus:
cito veniet salus tua.
Quare maerore consumeris,
quia innovavit te dolor?
Salvabo te, noli timere,
ego enim sum Dominus Deus tuus,
Sanctus Israel, Redemptor tuus.

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Texto tomado de aquí y aquí.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

inocencia I

Amor a primera vista
WISŁAWA SZYMBORSKA


Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.

Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,

una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,

que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?

Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.



De "Fin y principio" 1993
Versión de Abel A. Murcia

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Texto tomado de aquí.

jueves, 1 de diciembre de 2011

nada cambia nada



Lamento
GIANMARCO ZIGNAIGO

He vuelto a esperarte y ya no pasa nada
Como que mis ganas ya no están en calma
Has dejado un sitio para mi venganza
Duermo solo y pienso
Que he vuelto a ser el mismo
Que se aburre
El que se sorprende cuando te descubre
Con las manos llenas de temor y ardiendo
Vuelvo a ti corriendo
Cuando regrese el viento y traiga la fragancia
Cuando mire todo y se parezca a nada
Nada como antes nada cambia nada
Nada cambia nada

Y ahora que estás aquí
Lamento decirte que cuando te fuiste
Las cosas cambiaron
Vendí tu recuerdo y compre otro deseo
Lamento contarte que cuando escapaste
Me he tomado la molestia
De saber cuanto te cuesta
Alquilarte mi amor
Ponerle precio a tu deseo a tu sudor

He vuelto a ser el mismo
Que se aburre
El que se sorprende cuando te descubre
Con las manos llenas de temor y ardiendo
Vuelvo a ti corriendo
Cuando regrese el viento y traiga la fragancia
Cuando mire todo y se parezca a nada
Nada como antes nada cambia nada
Nada cambia nada

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Letra tomada de aquí.

martes, 29 de noviembre de 2011

fuera de la Casa Grande...

Pronto caería la noche y la oscuridad se haría mas intensa. Se levantó, decidido, cogió el bastón y se dirigió a un lugar entre la gran roca y el monte. Empezó a cavar, sacando la tierra con las manos. Trabajó con obstinación, sudaba y todo su cuerpo temblaba. Luego corrió hacia su hermano, le sacudió de nuevo, llamándole por ultima vez, aunque ya no esperaba ninguna respuesta, y agarrándole por los tobillos le arrastró hasta el hoyo y le metió en su tumba. Miro a Hammam, gimiendo, titubeó un momento, pero en seguida le echó tierra encima. Luego se secó el sudor de la cara con la manga de la galabeya y disimuló con arena el reguero de sangre que había dejado en la tierra. Se dejó caer, exhausto, en el suelo, sintiendo que le abandonaban las fuerzas. Quiso llorar, pero las lágrimas no acudieron a sus ojos. Pensó: "He sido vencido por la muerte". Él no la llamó ni la buscó, pero a ella se le antojó acudir. Si hubiera podido convertirse en cabra, se habría escondido entre el rebaño. Si hubiera podido ser un grano de arena se habría enterrado en la tierra. 'Ya no volveré a decir que soy fuerte, puesto que no puedo devolver la vida que he quitado. Su imagen nunca se apartará de mi memoria. Yo no enterré a un ser vivo ni inanimado; enterré lo que había hecho mi mano.'

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Naguib Mahfuz, Hijos de nuestro barrio, mr ediciones, Madrid 2006, p. 88

martes, 8 de noviembre de 2011

lugar común xyz

Los hijos
EDUARDO GALEANO

Hace once años, en Montevideo, yo estaba esperando a Florencia en la puerta de la casa. Ella era muy chica; caminaba como un osito. Yo la veía poco. Me quedaba en el diario hasta cualquier hora y por las mañanas trabajaba en la Universidad. Poco sabía de ella. La besaba dormida, a veces le llevaba chocolatines o juguetes.

La madre no estaba aquella tarde, y yo esperaba en la puerta de la casa el ómnibus que traía a Florencia de la jardinería.

Llegó muy triste. No hablaba. En el ascensor hacía pucheros. Después dejó que la leche se enfriara en el tazón. Miraba el piso.

La senté en mis rodillas y le pedí que me contara. Ella negó con la cabeza. La acaricié, la besé en la frente. Se le escapó alguna lágrima. Con el pañuelo le sequé la cara y la soné. Entonces volví a pedirle:

-Andá, decime.

Me contó que su mejor amiga le había dicho que no la quería.

Lloramos juntos, no sé cuánto tiempo, abrazados los dos, ahí en la silla.

Yo sentía las lastimaduras que Florencia iba a sufrir a lo largo de los años y hubiera querido que Dios existiera y no fuera sordo, para poder rogarle que me diera todo el dolor que le tenía reservado.

(Días y noches de amor y de guerra)

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Eduardo Galeano, Amares, Alianza Editorial, Madrid 2006, p. 200

viernes, 4 de noviembre de 2011

canción profana I


te quiero igual
ANDRÉS CALAMARO

te quiero
pero te llevaste la flor
y me dejaste el florero
te quiero
me dejaste la ceniza
y te llevaste el cenicero
te quiero
pero te llevaste marzo
y te rendiste en febrero
primero
te quiero
igual

te quiero,
te llevaste la cabeza
y me dejaste el sombrero
te quiero
pero te olvidaste abril
en el ropero
pero igual
te quiero
no me gusta esperar
pero igual
te espero
primero
te quiero igual

te quiero
me dejaste el florero
y te llevaste la flor
pero igual
te quiero
me dejaste el vestido
y te llevaste el amor
te quiero
pero te olvidaste abril
en el ropero
primero
te quiero
igual

no sé si estoy despierto
o tengo los ojos abiertos
te quiero,
no sé si estoy despierto
o tengo los ojos abiertos
sé que te quiero
y que me esperan
más aeropuertos
te quiero
te llevaste la vela
y me dejaste el entierro
primero
te quiero
igual

te quiero
pero te llevaste la flor
y me dejaste el florero
te quiero
me dejaste la ceniza
y te llevaste el cenicero
te quiero
pero te llevaste marzo
y te rendiste en febrero
primero
te quiero
igual

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Letra tomada de aquí.

jueves, 3 de noviembre de 2011

canción sacra I



Tantum ergo Sacramentum
Veneremur cernui:
Et antiquum documentum
Novo cedat ritui:
Praestet fides supplementum
Sensuum defectui.

Genitori, Genitoque
Laus et iubilatio,
Salus, honor, virtus quoque
Sit et benedictio:
Procedenti ab utroque
Compar sit laudatio.
Amen.


(Himno de autoría del Aquinata)

Versión castellana:

Honremos, pues, echados por tierra, tan divino Sacramento; y queden desechados, pues vino el cumplimiento, los ritos del Antiguo Testamento. Y si el sentido queda pasmado de tanta y nueva cosa, lo que él no puede, pueda, ose lo que él no osa, la fe determinada y animosa.
Gloria al Omnipotente, y al gran Engendrador y al Engendrado y al inefablemente de entrambos inspirado, igual alabanza, igual honor sea dado.
Amén.

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Original tomado de aquí.
Versión castellana tomada de aquí.

domingo, 23 de octubre de 2011

Dobrobyt


















Bienestar
MATEUSZ CZARNECKI


No he sido banquero suizo ni campesino polaco en tiempos de guerra.
No colaboré con el servicio secreto ni atendí al rey de Inglaterra.

Conozco el sabor de la salchicha campestre, y no sé mucho de política. No me preocupa que me falte techo, porque mi casa de alguna manera se mantiene en pie. Y hago uso de la electricidad, que hace mucho ya que perdió el resplandor del lujo.
Sucede que a veces en alguna dependencia del estado me tratan fría y cruelmente, pero eso no está vinculado a asuntos que tenga en la conciencia. No es culpa mía el que no me persigan. Y asisto a una iglesia en la que cuelga una cruz impunemente.
Mis tiempos son más bien seguros. Las agencias funerarias trabajan por varios, y quienes hacen cola para ser atendidos por los especialistas del seguro tienen razón al decir que no debería haber colas, y siguen haciéndolas, abandonados, sabiendo que han sido abandonados.
¿Y qué hay con que el agua que tomo del grifo, de la tetera, sea la misma que hace falta en otro lugar? ¿En los confines de un mundo ya no mío, en los países del África postcolonial? ¿Qué hay con que mi paz haya costado regímenes y que en otra parte un hombre muera en lugar mío?
¿Si viniese aquí, pidiéndome agua, se la negaría acaso? ¿No le daría pan al hambriento, al huido?
Cuán problemática es mi inocencia. A nada le sirve. Todo lo justifica. En todo encuentra su causa.
¿Por qué cosas, pues, han de juzgarme aquellos que vendrán? ¿Por haber venido a ser parte de esta generación y por haber disfrutado de la paz que no alcanzó para ellos?
Soy hijo del universo y tengo derecho a estar aquí. Tengo buena voluntad, una cocina, una mesa y ganas de comer queso azul. Lo cierto es que también duermo bien, y no dudo en quedarme dormido.
Trato el pan del día como mi pan de cada día. Y boto las rebanadas con hongo directamente a la basura.


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Texto tomado de aquí.

sábado, 8 de octubre de 2011

a la huella, a la huella...


La Peregrinación
FÉLIX LUNA - ARIEL RAMÍREZ

A la huella, a la huella
José y María
Por las pampas heladas
Cardos y ortigas.

A la huella, a la huella
Cortando campo
No hay cobijo ni fonda
Sigan andando.

Florecita del campo,
Clavel del aire
Si ninguno te aloja
¿Adónde naces?

¿Donde naces, florcita?
Que estas creciendo,
Palomita asustada,
Grillo sin sueño.

A la huella, a la huella
José y María
Con un dios escondido
Nadie sabía.

A la huella, a la huella
Los peregrinos
Préstenme una tapera
Para mi niño.

A la huella, a la huella
Soles y lunas
Los ojitos de almendra
Piel de aceituna.

Ay burrito del campo
Ay buey barcino
Que mi niño ya viene,
Háganle sitio.

Un ranchito de quincha
Solo me ampara
Dos alientos amigos
La luna clara

A la huella, a la huella
José y María
Con un dios escondido
Nadie sabia.

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Texto tomado de aquí.

viernes, 16 de septiembre de 2011

principios de la Escritura

Mateo 6 
5 Y cuando oras, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pie, para ser vistos de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su pago.
6 Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.
=======
16 Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, austeros; porque ellos demudan sus rostros para parecer á los hombres que ayunan: de cierto os digo, que ya tienen su pago.
17 Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu rostro;
18 Para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que está en secreto: y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.
19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladronas minan y hurtan;
20 Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan:
21 Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.
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25 Por tanto os digo: No os congojéis por vuestra vida, qué habéis de comer, ó que habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir: ¿no es la vida más que el alimento, y el cuerpo que el vestido?
26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas?.
27 Mas ¿quién de vosotros podrá, congojándose, añadir á su estatura un codo?
28 Y por el vestido ¿por qué os congojáis? Reparad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan;
29 Mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fué vestido así como uno de ellos.
30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más á vosotros, hombres de poca fe?
31 No os congojéis pues, diciendo: ¿Qué comeremos, ó qué beberemos, ó con qué nos cubriremos?
32 Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: que vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas habéis menester.
33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
34 Así que, no os congojéis por el día de mañana; que el día de mañana traerá su fatiga: basta al día su afán.

Mateo 7
6 No deis lo santo á los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos; porque no las rehuellen con sus pies, y vuelvan y os despedacen.
7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
8 Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá.
9 ¿Qué hombre hay de vosotros, á quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra?
10 ¿Y si le pidiere un pez, le dará una serpiente?
11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas á los que le piden?
12 Así que, todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los profetas.
13 Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva á perdición, y muchos son los que entran por ella.
14 Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva á la vida, y pocos son los que la hallan.
15 Y guardaos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces.
16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, ó higos de los abrojos?
17 Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos.
18 No puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol maleado llevar frutos buenos.
19 Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego.
20 Así que, por sus frutos los conoceréis.
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28 Y fué que, como Jesús acabó estas palabras, las gentes se admiraban de su doctrina;
29 Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

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Palabra tomada de aquí.
La Santa Biblia - Versión Reina-Valera 1909

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Defensa del árbol

NICANOR PARRA

Por qué te entregas a esa piedra
Niño de ojos almendrados
Con el impuro pensamiento
De derramarla contra el árbol.
Quien no hace nunca daño a nadie
No se merece tan mal trato.
Ya sea sauce pensativo
Ya melancólico naranjo
Debe ser siempre por el hombre
Bien distinguido y respetado:
Niño perverso que lo hiera
Hiere a su padre y a su hermano.
Yo no comprendo, francamente,
Cómo es posible que un muchacho
Tenga este gesto tan indigno
Siendo tan rubio y delicado.
Seguramente que tu madre
No sabe el cuervo que ha criado,
Te cree un hombre verdadero,
Yo pienso todo lo contrario:
Creo que no hay en todo Chile
Niño tan malintencionado.
¡Por qué te entregas a esa piedra
Como a un puñal envenenado,
Tú que comprendes claramente
La gran persona que es el árbol!
Él da la fruta deleitosa
Más que la leche, más que el nardo;
Leña de oro en el invierno,
Sombra de plata en el verano
Y, lo que es más que todo junto,
Crea los vientos y los pájaros.
Piénsalo bien y reconoce
Que no hay amigo como el árbol,
Adonde quiera que te vuelvas
Siempre lo encuentras a tu lado,
Vayas pisando tierra firme
O móvil mar alborotado,
Estés meciéndote en la cuna
O bien un día agonizando,
Más fiel que el vidrio del espejo
Y más sumiso que un esclavo.
Medita un poco lo que haces
Mira que Dios te está mirando,
Ruega al Señor que te perdone
De tan gravísimo pecado
Y nunca más la piedra ingrata
Salga silbando de tu mano.


De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)
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Texto tomado de aquí.