jueves, 28 de enero de 2016

Nie więcej

Nada más
CZESŁAW MIŁOSZ
Traducción de Isabel Sabogal


Debería contar cómo es que cambié
Mi opinión sobre la poesía y cómo sucedió,
Que me considero hoy en día uno de los muchos
Comerciantes y artesanos del Imperio nipón
Que componen versos sobre la floración de los cerezos,
Sobre los crisantemos y la luna llena.

Si yo pudiera describir a las cortesanas de Venecia
Cuando en el patio con una brizna al pavorreal fastidian
Y del paño de seda, del cinto perlado
Capturar los pechos pesados, la roja
Marca en el vientre del broche del vestido,
Al menos tal como las veía el capitán de los galeones
Llegados aquel día con la carga de oro;
Y si a la vez pudiera sus pobres huesos, en el cementerio
Cuyo portón va lamiendo el mar grasoso,
Encerrar en una palabra más fuerte que el último peine,
Que bajo la lápida, en el polvo, va esperando la luz,

No dudaría. De la materia tenaz
¿Qué podemos rescatar? Nada, a lo sumo belleza.
Y entonces nos deben bastar las flores del cerezo
Y los crisantemos y la luna llena.

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Miłosz, Cz. (2012). Poesía escogida. Selección y traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski. Lima: Embajada de la República de Polonia en Lima, Instituto Cultural Peruano Norteamericano y Ediciones del Hipocampo, p. 39

lunes, 25 de enero de 2016

Casa de cuervos

Casa de cuervos
BLANCA VARELA

porque te alimenté con esta realidad
                                    mal cocida
por tantas y tan pobres flores del mal
por este absurdo vuelo a ras de pantano
ego te absolvo de mí
                                     laberinto hijo mío

no es tuya la culpa
ni mía

                                     pobre pequeño mío
del que hice este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de miel
                                     y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce
y la hermosísima distancia
de tu cuerpo
tu náusea es mía
la heredaste como heredan los peces
                                     la asfixia
y el color de tus ojos
es también el color de mi ceguera
bajo el que sombras tejen
                                     sombras y tentaciones
y es mía también la huella
de tu talón estrecho
                                     de arcángel
apenas pasado en la entreabierta ventana
y nuestra                            
                                      para siempre
la música extranjera
de los cielos batientes
ahora leoncillo
                                      encarnación de mi amor
juegas con mis huesos
y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento
                                      casi saciado y libre
con tu sangre que ya no deja lugar
para nada ni nadie

aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa
                                     de tus pasos
a todas las primaveras que inventas
y destruyes
a tenderme                nada infinita
                                     sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya                                       
                                     que ilumine mis restos
porque así es este amor
que nada comprende
                                      y nada puede
bebes el filtro y te duermes
en ese abismo lleno de ti
música que no ves                                   
                                      colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños
hasta ese torpe gris
                                      que es despertar
en la gran palma de dios
calva vacía sin extremos
                                       y allí te encuentras
sola y perdida en tu alma
sin más obstáculo que tu cuerpo
sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y el mismo                             
                                     con tantos nombres
que a ninguno responde
y tú mirándome
como si no me conocieras                                      
                                    marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas
                                    y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
a donde no has de volver

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Texto tomado de aquí.

martes, 27 de octubre de 2015

El libro de María

Cuentos de Auschwitz
WŁADYSŁAW BRONIEWSKI

Leí el libro de María

aullando, llorando.
Así solo escriben los muertos
cuando todavía están vivos.

Yo nunca estuve en Auschwitz
pero me lo sé de memoria.
María... ¿Cuál era su nombre?
Ventisca...

Iba contra el viento, la lluvia, la nieve,
descalza,
a la izquierda un SS-man, a la derecha un espía,
no tenía cigarrillos, 

no tenía nada, nada tenía,
pobre,
y me llamaba, y seguía llamándome,
y estaba siempre sola.

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Texto tomado de aquí.
Traducción de Alhelí Málaga

sábado, 10 de octubre de 2015

si de amor hay que matar... pues de morir primero



Ni para rogar un beso
MANOLO BARRIOS

[...]

Desde el día en que vio el fin ya todos le llevan flores
no era bueno por matar y sí por morir de amores,
y cayendo se quejó,
y mientras le descargaba diez balas pidió un favor
y casi no dijo nada: "Vete en busca de mi amor...
...Tocándole el corazón dile que yo si la quiero..."
"Si de amor hay que matar pues he de morir primero,
por fracasos no estoy yo ni para rogar un beso
por fracasos no voy yo ni para rogar un beso..."

[...]

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Texto tomado de aquí.

jueves, 16 de abril de 2015

Atenas y Jerusalén

TERTULIANO

Todo esto son doctrinas humanas y demoníacas, nacidas de la especulación de la sabiduría mundana, para agradar a los oídos. Pero el Señor las llamó necedad, y eligió lo necio según el mundo para confundir a la misma filosofía. Porque la filosofía es el objeto de la sabiduría mundana, intérprete temeraria del ser y de los designios de Dios. Todas las herejías en último término tienen su origen en la filosofía. De ella proceden los eones y no sé qué formas infinitas y la tríada humana de Valentín; es que había sido platónico. De ella viene el Dios de Marción, cuya superioridad está en que está inactivo; es que procedía del estoicismo. Hay quien dice que el alma es mortal, y ésta es doctrina de Epicuro. En cuanto a los que niegan la resurrección de la carne, se apoyan en la enseñanza de todos los filósofos sin excepción. Los que equiparan a Dios con la materia siguen las enseñanzas de Zenón. Los que pretenden un Dios ígneo aducen a Heráclito. Las mismas cuestiones tratan los filósofos y los herejes, y sus disquisiciones andan entremezcladas: ¿de dónde viene el mal?; ¿cuál es su causa?; ¿de dónde y cómo ha surgido el hombre? Y también lo que hace poco propuso Valentín: ¿de dónde viene Dios? Está claro de la Entimesis y del Ectroma. Es el miserable Aristóteles el que les ha instruido en la dialéctica, que es el arte de construir y destruir, de convicciones mudables, de conjeturas firmes, de argumentos duros, artífice de disputas, enojosa hasta a sí misma, siempre dispuesta a reexaminarlo todo, porque jamás admite que algo esté suficientemente examinado. De ella nacen las fábulas y las genealogías interminables. las disputas estériles, las palabras que se insinúan como un escorpión... Quédese para Atenas esta sabiduría humana manipuladora y adulteradora de la verdad, por donde anda la múltiple diversidad de sectas contradictorias entre sí con sus diversas herejías. Pero, ¿qué tiene que ver Atenas con Jerusalén? ¿Qué relación hay entre la Academia y la Iglesia? ¿Qué tienen que ver los herejes y los cristianos? Nuestra escuela es la del pórtico de Salomón, que enseñó que había que buscar al Señor con simplicidad de corazón. Allá ellos los que han salido con un cristianismo estoico, platónico o dialéctico. No tenemos necesidad de curiosear, una vez que vino Jesucristo, ni hemos de investigar después del Evangelio. Creemos, y no deseamos nada más allá de la fe: porque lo primero que creemos es que no hay nada que debamos creer más allá del objeto de la fe...
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En: De Praescriptione
Texto encontrado aquí.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Si un día me pierdo y no regreso nunca



Créeme

VICENTE FELIÚ


Créeme,
cuando te diga que el amor me espanta,
que me derrumbo ante un "te quiero" dulce,
que soy feliz abriendo una trinchera.

Créeme,
cuando me vaya y te nombre en la tarde
viajando en una nube de tus horas,
cuando te incluya entre mis monumentos.

Créeme,
cuando te diga que me voy al viento
de una razón que no permite espera,
cuando te diga: no soy primavera,
si no una tabla sobre un mar violento.

Créeme,
si no me ves y no te digo nada,
si un día me pierdo y no regreso nunca.
Créeme,
que quiero ser machete en plena zafra,
bala feroz al centro del combate.

Créeme,
que mis palomas tienen de arco iris,
lo que mis manos de canciones finas.

Créeme, créeme,
porque así soy
y así no soy de nadie.



(1975)

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Letra encontrada aquí
Versión con Miryam Quiñones, a continuación.


martes, 14 de octubre de 2014

Aquí y allá

"Porque no todos somos de la misma mermelada"

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Profesor sanmarquino Róger Íziga, argumentando con su sonrisa pícara sobre la necesidad de distinguir lo que es distinto

viernes, 26 de septiembre de 2014

Falsos aforismos I

Sospecho que allí donde el individuo transita de la infancia a la vejez sobre un fondo casi inamovible, allí donde sus costumbres no son trastocadas por las historias cambiantes del orden social, allí con demasiada facilidad se cae en la melancolía de la cosas dadas,  no transparentes. El veinteañero  pronuncia entonces, con una mueca de hastío en el rostro, el falso aforismo de “todo esto ya existió”.
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Czeslaw Milosz, Rodzinna Europa, Wydawnictwo Literackie, Krakow 2001, p. 334

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Cambios

No se puede vivir negando la propia conciencia, violentándose para detenerse en un nivel ya insoportable. Aquella época requería, a lo menos, de un nuevo sentido del tacto.

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Czeslaw Milosz, Rodzinna Europa, Wydawnictwo Literackie, Krakow 2001, p. 278



domingo, 21 de septiembre de 2014

Lenguajes XVII

El jardinero
JANUSZ STYCZEŃ

en el horizonte, tras del jardín, se ve al sol ocultándose,
en los confines del jardín un hombre pasea
entre las islas de flores,
como si fuese el nuevo jardinero,
la mujer corre hacia el jardinero, quiere alcanzar
a reconocerlo antes de que caiga la noche,
el jardinero voltea, su torso desnudo emerge
del largo vestido,
la mujer lo reconoce, cae de rodillas,
no me toques, grita, más que dice, el hombre,
la mujer retrocede las manos extendidas,
se arrodilla sobre la hierba, como si se arrodillase no ante el hombre
sino ante alguien del Otro lado,
alguien que no quiere que ella sepa si tiene cuerpo
o si es un espectro,
la mujer se da cuenta que es mejor no intentar con el tacto,
mejor mirar al amado, dar por suficiente
el poder verlo,
alegrándose de que haya venido de Ese lado,

aunque sea por esta noche, a este jardín predilecto,
las ropas del hombre son como de un cuadro en un museo
o en una iglesia,
su vestido está amarrado en la cintura, la mujer querría
tocar al menos ese nudo,
pero teme que entones el nudo desharía a todo el personaje
en solo sombra, una con el césped,
la mujer lleva un vestido largo, como los que las mujeres
han usado en épocas diversas, y que hoy
pueden usar también,
la mujer esconde su cuerpo en el extenso vestido,
intenta cubrir con él su cuerpo por completo,
el sol brilla en los cabellos dorados de la mujer,
como si fuese cariñoso con la mujer real,
con la mujer del lado de acá,
no me toques, repite el hombre,
se lo lleva el sol al ponerse,
solo se oye su voz, ya no se le ve
en la creciente oscuridad, el jardín está vacío,
la mujer mira la oscuridad del jardín,
como si fuese ella quien volvió de Aquel lado

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Janusz Styczeń, Furia instynktu, Biuro Literackie, Wrocław 2011, pp. 77-78 

lunes, 8 de septiembre de 2014

Algo de Thoreau

[subtítulos y selección de Malheli]

Elogio del ocio creativo


Este mundo es un lugar de ajetreo. ¡Qué incesante bullicio! Casi todas las noches me despierta el resoplido de la locomotora. Interrumpe mis sueños. No hay domingos. Sería maravilloso ver a la humanidad descansando por una vez. No hay más que trabajo, trabajo, trabajo. No es fácil conseguir un simple cuaderno para escribir ideas; todos están rayados para los dólares y los céntimos [...] Yo creo que no hay nada, ni siquiera el crimen, más opuesto a la poesía, a la filosofía, a la vida misma, que este incesante trabajar. [p. 51] ... Las formas con que la mayoría se gana la vida, es decir, viven, son simples tapaderas y un evitar el auténtico quehacer de la vida, y sucede así porque, en primer lugar, no saben; pero en parte también porque no quieren hacer nada por aprender algo mejor. [p. 59]

La vida interior

Así de vacía e ineficaz es nuestra conversación cotidiana. Lo superficial lleva a lo superficial. Cuando nuestra vida deja de ser íntima y privada, la conversación degenera en simple cotilleo. Es difícil conocer a un hombre que te cuente una noticia que no haya aparecido en un periódico o que no se la haya contado su vecino y, la mayoría de las veces, la única diferencia entre nosotros y nuestro amigo es que él la ha leído el periódico o salido a tomar el té, y nosotros no. En la misma medida que nuestra vida interior fracasa, vamos con más constancia y desesperación a la oficina de correos. Puedes estar seguro de que el pobre tipo que se aleja con el mayor número de cartas, orgulloso de su abultada correspondencia, no ha sabido nada de sí mismo desde hace tiempo.

Yo creo que leer un periódico a ala semana es ya demasiado. Lo he intentado recientemente y me parecía que todo este tiempo no había vivido en mi región natal. El sol, las nubes, la nieve, los árboles no me dicen tanto. No puedes servir a dos amos. Requiere más de un día de atención conocer y poseer el valor de un día. 

Podemos, con razón, avergonzarnos de decir las cosas que hemos leído u oído. [p. 69-70]

La castidad de la mente

Me resulta tan difícil deshacerme de los pocos datos importantes; sólo una mente divina me lo podría aclarar. Así son, en general, las noticias de los periódicos y las conversaciones. Es importante conservar la castidad de la mente a este respecto. [p. 72] ... Si nos hemos profanado a nosotros mismos - ¿y quién no?- el remedio será la cautela y la devoción para volver a consagrarnos y convertir de nuevo nuestras mentes en santuarios. Deberíamos tratar nuestras mentes, es decir, a nosotros mismos, como a niños inocentes e ingenuos y ser nuestros propios guardianes, y tener cuidado de prestar atención sólo los objetos y los temas que merezcan la pena. No leáis el Times, leed las Eternidades. Los convencionalismos son a la larga tan malos como la mezquindad. [p. 74]

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Henry D. Thoreau, “Una vida sin principios”, en: Desobediencia civil y otros escritos, Alianza Editorial, Madrid, 2012