miércoles, 30 de octubre de 2024

[bordeando el cielo]

Canción de un amor inexistente
ISABEL SABOGAL  

I
Yo sé que Dios existe tras los sueños y los mares,
Y los ángeles bajando en círculos concéntricos,
Y tu rostro de niña en flor enamorada,
Y tu cuerpo de cáliz, blanco y puro en las tinieblas.
Yo sé que Dios existe y que tú existes
Y que la tarde va rodando hacia la nada,
Entre la niebla, amor, entre la niebla,
Entre las flores y los acantilados.

Yo sé que Dios existe tras los sueños y los mares,
Cuando abrimos los párpados en medio de la noche,
Y vemos una isla en algún lugar inexistente,
Verde y jugosa, con tortugas y follaje,
Hamacas y cabañas, y tu cuerpo de niña en flor enamorada.

II

Cómo quisiera amarte, niña, atravesando las tinieblas
De tu cuerpo finito y tan humano,
En el recodo de un camino que no existe,
En la posada donde paran demonios y dragones,
Donde toman cerveza y nos miran en silencio,
Y se sonríen y nos quieren en silencio,
Bordeando el cielo, sí, bordeando el cielo.

Cómo quisiera amarte, niña, atravesando las tinieblas
De tu cuerpo finito y tan humano,
De tus manos tan jóvenes y frágiles,
De tus uñas mordidas, tu sonrisa...
De tus ojos cerrados y sonrientes en el sueño,
Para captar tu alma escondida detrás de ellos,
Para captar tu alma escondida no sé dónde.

Cómo quisiera amarte, niña, más allá de los sueños y los mares,
Y los ángeles, bajando en círculos concéntricos,
Y tu cuerpo de niña en flor, y nacarado,
Tan finito, por Dios, y tan humano.

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En: I. Sabogal, Todo está hecho a la medida de ti misma, Maquinaciones Poesía, Lima 2022




martes, 15 de octubre de 2024

[a las seis de la tarde en un banco vacío de la plaza]

Soledad
CRISTINA PERI ROSSI

A los sesenta años me encontraba sola sentada a las seis de la tarde en un banco vacío de la plaza
No podía volver a mi casa
porque mi mujer había descubierto que yo tenía una amante

no podía ir a la casa de mi amante porque me había abandonado
y no podía ir a la casa de la otra ex porque me había prohibido volver
de modo que cuando empezó a llover y no quedaba nadie en la plaza
más que los bancos desolados y las ramas de los sauces precipitándose
me fui a un hotel
a meditar por qué mi vida emocional era tan complicada a los sesenta años
En el maldito hotel de tres estrellas -el único que podía pagarme por una noche- no había ningún libro para leer ni un periódico
solo la estúpida televisión de modo que encendí un canal y me tomé un botellín de whisky del minibar
Pasaban películas de asesinos psicópatas drogadictos y policías corruptos y yo sin poder hablar con nadie
De modo que llamé al Servicio de Socorro para Personas Desesperadas del Ayuntamiento pero me informaron que estaba fuera de servicio por una avería en el sistema Así que me emborraché pensando que todo en este mundo ocurre para hacer películas o literatura aunque fueran malas películas y mala literatura